La ciencia ficción es creativa e inspira creatividad, lo que no sucede, por lo común, en la narrativa general.
Philip K. Dick
En 1752 apareció Micromegas, un cuento filosófico escrito por Voltaire. La historia trata sobre un extraterrestre, proveniente de la estrella Sirio, que visita la Tierra y charla con unos filósofos y un teólogo, de este último Micromegas se burla porque considera que toda la creación, incluso el mismo sirio, fue hecha para el hombre. En este texto se hallan algunas de las semillas de la ciencia ficción: vida en otros mundos, viajes estelares, especulación científica y filosófica. Ese último elemento está presente en la obra de Ted Chiang (Estados Unidos, 1967): Exhalación (Sexto Piso, 2020).

Inicié con la mención del relato de Voltaire porque en esta nueva antología el autor estadounidense en el relato Ónfalo, ensaya la idea de un universo donde la fe y la ciencia van de la mano para sostener que la humanidad es la mayor creación de Dios y la Tierra no tiene más que unos miles de años; pero el conflicto surge cuando las investigaciones científicas descubren algo nuevo sobre el cosmos; ante este suceso la humanidad se cuestiona algunas cosas: ¿qué pasa si no existe el diseño inteligente? ¿Cómo afrontar el hecho de no ser el centro de la creación divina? Todo esto a través de los ojos de una arqueóloga.
Si el anterior relato roza el cosmicismo [1], en Lo que se espera de nosotros lo explora mejor: “Antes de que la gente comenzara a jugar con Pronostics, el mutismo acinético era muy raro, resultado de daños en la región anterior cingulada del cerebro. Ahora se propaga como una plaga cognitiva. La gente solía especular con un pensamiento que destruye al pensante, una especie de horror lovecraftiano inefable, o un teorema de Gödel que aplasta el sistema lógico humano”. Así que Chiang pone en duda la existencia del libre albedrío por medio de un dispositivo, para pronosticar lo peor. Aunque en La ansiedad es el vértigo de la libertad presenta un panorama un poco más positivo: cada ser humano, por medio de un prisma, tiene la posibilidad de acceder a otras realidades y conocer cómo pudo haber sido su vida si hubiera actuado de cierta forma: ¿realmente algo cambiaría? ¿Te ayudaría a ser mejor? ¿Podrías vivir en paz conociendo el hubiera?

No sólo en esos dos relatos muestra cómo la tecnología afectaría en la vida diaria, también lo hace en La verdad del hecho, la verdad del sentimiento; La niñera automática, patentada por Dacey y El ciclo de vida de los elementos de software. En el primero dialoga tanto con el Fedro de Platón, como con Funes el memorioso de Borges. La narración, escrita como nota periodística, presenta cómo la memoria puede ser afectada por una nueva tecnología y como la escritura fue el primer avance tecnológico que nos convirtió en cíborgs [2]; por lo tanto, al avanzar la tecnología e implantarnos dispositivos que graben nuestro día a día, nos podríamos convertir en cíborgs cognitivos y recordar todo, con las consecuencias que eso implicaría. El mismo Funes lo dijo: “Mi memoria, señor, es como vaciadero de basuras”. El segundo relato, con una marcada estética steampunk, cuenta cómo los robots podrían afectar el desarrollo educativo y psicoemocional de las personas. El tercer texto, que es una noveleta, plantea cómo sería la relación de la humanidad con digientes, seres virtuales creados para ser educados y criados por medio de la empatía, se muestra hasta dónde podría llegar su evolución y adaptación ante la necesidad de la novedad.
Eso es lo que hace Ted Chiang: usa sus historias para generar empatía y dejar una moraleja, tanto que recurre a la fábula para dar voz a un papagayo que contempla a la especie humana obsesionada con hallar vida fuera de este mundo, pues es incapaz de comprender la que habita su propio hogar. El gran silencio surgió tras la colaboración con unos artistas audiovisuales, con lo que demostró lo multifacético que puede llegar a ser este escritor.
Para finalizar, están Exhalación y El comerciante y la puerta del alquimista, ambos abordan cómo el aceptar el destino no debe ser una carga sisífica. El primero, que además de dar título a la antología está inspirado en La hormiga eléctrica de Philip K. Dick, se desarrolla en universo cerrado que es habitado por inteligencias artificiales que se mueven por medio del aire; sin embargo, uno de esos seres descubre que pronto llegará el fin y todos aceptan que seguirán viviendo hasta la última exhalación. El segundo relato, que es con el que inicia el libro, tiene una gran influencia de Las mil y una noches y juega con un estilo más apegado a la oralidad. La historia trata sobre un hombre que logra viajar por el tiempo a través de una puerta. La forma en la que Ted Chiang lo presenta es muy poética:
“Me dio una explicación, me habló de su búsqueda de diminutos poros en la piel de la realidad, como los agujeros que excavan los gusanos en la madera, y de cómo después de encontrar uno fue capaz de expandirlo y ensancharlo igual que un soplador de vidrio convierte un pegote de cristal fundido en un largo tubo, y de cómo luego dejó que el tiempo fluyese como agua por una de las embocaduras mientras que solidificaba la otra como jarabe. Confieso que no comprendí del todo sus palabras y que no puedo atestiguar su veracidad”.
El comerciante y la puerta del alquimista, pág. 19.
Ese pasaje muestra que la línea entre Fantasía y ciencia ficción es muy difusa, es más cuestión de estilos y perspectivas; sin olvidar la cuestión de la recepción. Este texto expone que el tiempo es algo fijo e inalterable y aceptar eso, podría ayudar a sanar el alma.
Espero que lean estos nueve relatos que sirven para recordar —aunque para otras personas más bien sea demostrar— que la ciencia ficción es seria, puede ser profunda y tratar de llegar a donde la filosofía y la ciencia, a veces, deben dar la vuelta. Por último, la invitación a leer a Ted Chiang queda hecha, ya que es un autor que escribe ensayos narrativos conmovedores, que invitan a imaginar otros mundos para conocer mejor este.
Exhalación, Ted Chiang, Sexto Piso, Ciudad de México, 2020, 348 pp.
[1] Pensamiento filosófico surgido a partir de la obra de H. P. Lovecraft, postula que la humanidad es insignificante ante el cosmos.
[2] Porque es olvido lo que producirán en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos. Platón Fedro 257a.