De la expresión facial emocional
¿Pensamos algún día que el cubrebocas estaría de moda? Fuera de las estéticas distópicas, ciberpunk y de imaginería sado, quizás no. Consecuencia del tiempo que llevamos viviendo la pandemia, sin vacuna y con muchas interrogantes con respecto a la vulnerabilidad del contagio, la oferta y demanda del cubrebocas ha suscitado una persecución estética de dicho objeto. Los hay de telas satinadas, con imágenes artísticamente pintadas, de colores, bordados y hasta con lentejuela.
Pero, ¿en qué sentido ha limitado nuestra expresión facial al grado de generar otro tipo de distanciamiento social? ¿Es la expresión facial un elemento indispensable para vincularnos con los otros?
Los experimentos
Charles Darwin fue pionero en poner sobre la mesa la importancia de las expresiones emocionales. Hizo investigaciones con animales mamíferos y primates, así como con humanos y concluyó que las emociones eran innatas y universales. A cada emoción le correspondía una expresión facial y su papel era comunicar al otro su pensar y sentir, así como permitirnos conocer lo que el otro siente y piensa. Darwin resaltó la función adaptativa y de supervivencia de las emociones en su libro La expresión de las emociones en el hombre y en los animales donde, para ilustrar la evidencia de sus argumentos, utilizó las fotografías de Guillaume Duchenne de Bologne.

Imagen obtenida de: https://es.wikipedia.org/wiki/Guillaume_Duchenne_de_Boulogne
Duchenne de Bologne fue un médico e investigador pionero de la neurología y fotografía médica. Realizó experimentos donde mediante electrodos localizados en la superficie de la piel de sus pacientes provocaba reacciones musculares aisladas en el rostro. Esto le permitió construir la anatomía de los músculos, los movimientos del cuerpo y estudiar la expresión de emociones como el miedo, la tristeza y la alegría. Se le llamó sonrisa de Duchenne a la expresión facial descubierta por él, la cual involucraba tanto al múscuclo zigomático que provoca el desplazamiento hacia arriba de las comisuras de la boca, como al músculo obicular que provoca que las mejillas se eleven, se estreche la abertura ocular y se arrugue la piel alrededor del ojo. La sonrisa de Duchenne era la expresión espontánea y auténtica de la emoción de la alegría.
Los cubrebocas en la calles
Pese a la controversia acerca de su eficiencia, el cubrebocas se ha convertido en un objeto de uso cotidiano. Exigido por muchos gobiernos, es promovido como un deber que nos exime de la irresponsabilidad y el egoísmo. Debido a la urgencia por reactivar la economía y al riesgo de un colapso mundial, el distanciamiento social se volvió casi imposible. Así, la mascarilla se instauró para poder acercarnos, para poder convivir con menos miedo.
Estatuas, pinturas y obras de arte en general han sido intervenidas con un cubrebocas, algunas con fines propagandísticos, otras impulsadas por las instituciones de gobierno y de salud, algunos más con un afán más lúdico y hechas por el transeúnte de las ciudades. El Museo de Fitzwilliam en el Reino Unido, por ejemplo, sacó a la venta postales de sus obras más representativas en las que los protagonistas portan un cubrebocas diseñado acorde con la época, la vestimenta y el estilo y composición de la obra.

https://robbreport.mx/travel/obras-de-arte-usan-cubrebocas/

Imagen obtenida de: https://www.forbes.com.mx/mundo-famosas-estatuas-mundo-portan-mascarillas-faciales/
La función social
Caminamos por las calles con el rostro cubierto y exigimos que los otros también se cubran. No podemos ver el éxtasis en el rostro de Hendrix, la solemnidad del padre de la patria en el Jardín Hidalgo y mucho menos la manifestación facial de no sentir miedo de “Fearless girl” en Nueva York. Vemos el rostro del personaje en las fotografías de Duchenne y nos preguntamos si la expresión humana es la simple suma de estimulaciones y respuestas eléctricas o hay algo más implicado en ella. Para el médico y fotógrafo, el gran hallazgo fue poder observar la expresión auténtica y espontánea, el reflejo de la alegría del alma humana. Hoy el mundo se enfrenta a no escuchar bien al otro, a leer los ojos para saber qué es exactamente lo que el otro quiere. Tenemos que acercarnos un poco más y hasta imaginar lo que se dice y hace debajo de la mascarilla.
Las investigaciones recientes enfatizan que las expresiones faciales son más que simples lecturas de los estados internos, éstas guían nuestras interacciones sociales dejándonos ver el estado emocional de una persona, las posibles intenciones y pensamientos y vincularnos con el otro de manera afectiva.
Existe una función social de la expresión facial, ella es que nos otorga información acerca de ese otro que se expresa, que siente. Y quizás lo más importante de esa función social es que al expresarnos provocamos al otro, provocamos una respuesta que no necesariamente es verbal: provocamos emociones en los demás.
Déjanos un comentario