Te’se ko’yajpa te’ pekatzame Tza’mayojspapä Kasyi’isnye
“Wätampä makyajpa, yatzyokotyampä tzä’yajpa:
Los buenos se van, los malos se quedan”.
Ésa es una de las conclusiones a las que arriba la protagonista de Te’ Tza’mayospapä Kajsyi. La Gallina Campesina, novela bilingüe (zoque-español) de Joaquín Gómez González (1969-2020), tras enterarse de que Ju’ki (Zopilote), su mejor amiga, la única que estuvo con ella cuando más lo necesitó, ha muerto.[1] Pero, en lugar de simplemente regodearse en su dolor, hace un esfuerzo por ver más allá de las circunstancias y, entonces, alcanza ese aprendizaje necesario para crecer:
“makatzi jampä’i te’ toya, makatzi ntzäki äjn yojsykuy jutzye jama ijtpasenh’omo (dejaré de lado mi sufrimiento, saldré adelante con mi trabajo por el resto de mi vida)”.
Te’ Tza’mayospapä Kajsyi. La Gallina Campesina narra, pues, la historia de un animalillo que tiene que hacer frente a las dificultades del día a día, cuando, debido al paso de una epidemia devastadora, muere toda su familia. Sin embargo, la obra muestra no tanto la crisis que sobreviene después de la muerte (o cualquier catástrofe), sino la necesidad de salir de uno mismo, de volverse hacia los otros y al entorno, para, con el esfuerzo propio y la ayuda de ellos, abrazar la vida: su gracia y sus pesares.
Formalmente, el relato puede considerarse tanto un cuento largo que bebe de los relatos de tradición oral, te’ pekatzametam, como una novela corta (es bien sabido que los críticos no se ponen de acuerdo en qué es uno o la otra).
En cuanto a lo primero, porque el aquí y ahora en los que se desarrolla la narración está entre un tiempo ‘primigenio’ y el tiempo actual, es decir, el autor traslapa la realidad de ‘otro’ tiempo, de cuando “te’ kopäntam tza’ma’omotampä weweneyajpapäte’na: los animales silvestres tenían voz”, con los valores culturales contemporáneos, y porque, a ratos, mantiene estructuras fáciles de ‘memorizar’: para lograr su aprendizaje, la protagonista tiene que superar tres pruebas o contrariedades provocadas por el Sapo, la Codorniz y el Armadillo (cada uno de ellos representa un vicio, a saber: la ociosidad, la vanidad, la indolencia).
En cuanto a lo segundo, por la capacidad ‘reflexiva’ y el desarrollo psicológico de la protagonista. De este modo, puede decirse que es una especie de bildungsroman, novela de aprendizaje: lo importante no es tanto la ‘moraleja’ final, como el despertar ‘consciencial’ de la gallina, quien, de ser un personaje desvalido e ingenuo, poco a poco, gana en experiencia y valor hasta adquirir una comprensión compleja del mundo, de sí misma y de los otros.
Así, en diversos momentos, el lector penetra en el sentir y pensar de la gallina y se convierte en el confidente de su conciencia, la cual, plena de contradicciones, sueños y anhelos, forja su carácter en un mundo “jene oyumä ojse, ka’kuy y eyampä titam nyä tujkyajpapä kopänkäsi y pänkäjsitam: lleno de hambre, muerte y muchas otras cosas que le suceden a los animales y a los hombres”.
En definitiva, para mí, Te’ Tza’mayospapä Kajsyi. La Gallina Campesina es una obra que es fruto de una sencilla y profunda sabiduría popular, que enseña el valor del trabajo (en el campo) y de la amistad; o, mejor, la importancia de crear lazos afectivos recíprocos con los otros, basados en el respeto mutuo y el bien común. Esta obra de Joaquín Gómez González resulta, entonces, una novela amena y de fácil lectura que no sólo puede servir como material didáctico, sino también como un ejemplo de creación literaria para futuros narradores zoques: como la gallina campesina (y el autor mismo) hay que trabajar hasta lograr abrir nuestra consciencia a los otros, al entorno, a la vida.
Buen viaje al Tzu’an, maestro Joaquín Gómez:
“Atzi mokaya,
uj’ nyatzu’ jyampä’ya’ä.
Hermanito mokaya,
no tengas miedo del olvido”,
bienllegado seas a la fiesta eterna.

Portada: Saúl Kak.
[1] Joaquín Gómez, Te’ Tza’mayospapä Kajsyi. La Gallina Campesina, Tuxtla Gutiérrez, Concepto Creativo Editorial, 2010.