Reseña: Luis Villoro, pensador esencial de la alteridad - MilMesetas
  • Rogelio Laguna y Ricardo Bernal Lugo (Coordinadores), Luis Villoro: pensador esencial de la alteridad, Ediciones Guayacán, San José, Costa Rica, 2026, 162 pp.

A poco más de una década de su fallecimiento, varios libros han sido publicados rememorando y discutiendo el trabajo de Luis Villoro. En este caso, Rogelio Laguna y Ricardo Bernal Lugo coordinan una recopilación en la que además de hacer semblanza del filósofo, once autoras y autores analizan su obra en torno a la alteridad como línea de argumentación principal. Se presenta este libro no solo como homenaje sino como una hoja de ruta de las problemáticas tratadas en la obra de Villoro, la cual, además de su vigencia y rigor conceptual, resulta esencial como pensamiento situado en la búsqueda de un pluralismo epistémico, moral y político.

Entre los textos, Gustavo Leyva presenta una semblanza en la que destaca la importancia de la alteridad como tema central en el pensamiento de Villoro, siendo esta identificable en tres grandes áreas de su producción académica. En primer lugar, su preocupación por los pueblos indígenas, desarrollada a lo largo de su trayectoria pero comenzada con la publicación de Los grandes momentos del indigenismo en México en 1950; en esta, al indagar sobre la identidad mexicana, los indígenas emergían como una forma de alteridad y más tarde en momentos históricos como el movimiento zapatista de 1994 llegaban a adquirir un carácter disruptivo. En segundo lugar, se alude al grupo de obras como las reunidas en La significación del silencio y otros ensayos en las que Villoro explora aspectos como la soledad, la identidad y lo sagrado mientras reflexiona sobre filosofías griegas y orientales, apareciendo desplegado el tema de la ‘irrupción de la otredad’. Finalmente, se menciona el ‘carácter disruptivo de la presencia del otro’ identificable en las obras ético-políticas del filósofo, aquellas en que hizo revisión de procesos históricos como la conquista o la independencia y en las que terminaría planteando la idea de una democracia radical, todos estos temas convergentes en obras como El poder y el valor. Fundamentos de una ética política.

Más adelante en la compilación, encontramos el texto de Ricardo Bernal Lugo donde se desarrollan las bases de una reflexión sobre el ‘reconocimiento del otro’ a partir de principalmente un texto de Luis Villoro: Los grandes momentos del indigenismo en México. Retomando el prólogo hecho por el filósofo en la edición de 1987 para esta publicación, Bernal revisa el análisis hecho en cuanto al reconocimiento del indígena, señalando cómo el texto de carácter fenomenológico de 1950 cumplía con describir las funciones prácticas de los sujetos históricos que asumieron la tarea de revelar al ser indígena pero sin llegar a plantear las condiciones para dar paso a un reconocimiento adecuado. En libros posteriores como El poder y el valor, Villoro en cambio sí avanzaría en propuestas institucionales a favor de un reconocimiento jurídico e identitario de los indígenas. Bernal propone una lectura de Los grandes momentos del indigenismo en México como una reconstrucción histórica del proceso del reconocimiento indígena en claves actuales como ‘reconocimiento ideológico’ y ‘reconocimiento devaluatorio’. Se sugiere que el análisis de Villoro cobraría hoy más relevancia si en vez de una premisa teleológica, se hilara a partir de una conceptualización actualizada sobre el reconocimiento incluyendo acciones prácticas. En general esa primera obra sobre sobre indigenismo es valorada como un perfilamiento de las manifestaciones del reconocimiento devaluatorio insertado en lo que actualmente se identificaría como las dinámicas pertenecientes a una ideología del reconocimiento.

Más adelante, Miguel Adrián Sánchez presenta un ensayo describiendo la forma en que Villoro aborda el problema del otro surgido con el principio epistemológico de la subjetividad. En ensayos como La significación del silencio el filósofo analizaría problemas como el del solipsismo filosófico; esto es, aquella condición que surge cuando el sujetoepistemológico de la modernidad se asume como principio fundante de toda realidad dando lugar a cierta indiferencia o falta de certeza respecto al mundo que nos rodea y donde resulta necesario entrever las posibilidades para integrar al ‘yo’ aquel misterioso ‘tú’. El sujeto moderno no valoraría la realidad por lo que es en sí misma sino por lo que sirve a sus propósitos, la naturaleza resultaría solo un medio en el que se ve a sí reflejado. La comprensión del mundo en esta forma implica una soledad, aquella derivada de estar frente al otro pero no ser nunca el otro, de estar en el mundo pero no formar parte de él. La alternativa a este solipsismo ofrecida por Villoro tiene que ver con la introducción de un tercer elemento entre el sujeto y objeto; un ente más allá de la frontera individual, un ‘tú’ inclasificable y constituyente de un mundo con sentido y valor pero diferente a mí. Esta diferencia se constituiría para dar lugar a un conjunto de presencias con las que el sujeto moderno dispuesto a afrontar la complejidad podría avanzar en la construcción de un concepto de comunidad.

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Imaginando las posibles vías que Luis Villoro tomaría para analizar los tiempos actuales, Alan Quezada identifica una herramienta implícita en la obra villoriana que resultaría útil a estos propósitos, se trata de una ‘estética adscrita a la sensibilidad’. A su parecer, Villoro habría abordado varias categorías fundamentales de las actividades humanas tales como la sensibilidad, las emociones o los sentimientos. Se explora la cuestión de la sensibilidad, no desarrollada explícitamente por el filósofo pero presente en su obra como factor determinante en el estudio de problemas relacionados a la ciencia, el indigenismo, la identidad y la ideología. El autor comenta cómo Villoro descartaba la idea de una neutralidad en la ciencia, al estar toda formación de conocimiento atravesada por intereses, deseos y motivaciones. En cuanto a la ideología, Quezada trae a relieve la cuestión de la ‘condición anestésica’, situación requerida a fin de mantener las estructuras sociales; esta última, a consecuencia de que los individuos limitados en su sensibilidad (o saturados de una impuesta), quedan imposibilitados para el hartazgo, siendo incapaces de despertar una conciencia crítica desencadenante de la movilidad social. Se aborda igualmente el tema de las hegemonías en América Latina y cómo estas se ejercen tanto en los planos epistemológicos como ideológicos. En una constante situación de dominación cultural, se insta a buscar la autonomía del pensamiento y la sensibilidad, donde el sentir de los pueblos latinoamericanos es señalado como un termómetro de la cultura. Las posibles vías para la descolonización y liberación de la enajenación sociocultural como vislumbraba Villoro son planteadas aquí como la realización de una cultura auténtica, alcanzable solo con el uso de razones y creencias verdaderas provenientes de nuestra sensibilidad y nuestros deseos e impulsos emotivos. Una economía y una política habrían de ser sensibles para ser incluyentes, para reconocer e integrar las diferencias. Concluye el autor que la apertura a otras formas de sentir el mundo nos situaría en un camino para la superación del sentimiento de desgarro a que hemos estado sometidos los pueblos colonizados.

La filosofía mexicana también ha sido testigo de polémicas, una de ellas fue la protagonizada por Luis Villoro y Adolfo Sánchez Vázquez entre los años 1985 y 1992, Jorge Luis Jiménez en esta recopilación nos da cuenta de los principales aspectos de esta discusión en torno al concepto de ideología, centrándose particularmente en la cuestión de su justificación. De fondo se presentan las posturas derivadas de la reflexión hecha por Marx y sintetizadas por Norberto Bobbio en las que la ideología aparece en su sentido epistemológico como una falsa conciencia y en el sociológico como un conjunto de creencias y concepciones de un grupo determinado orientado a ciertos fines. Se nos da a conocer la conceptualización de Villoro en la que integraba ambas nociones. En su ensayo sobre El concepto de ideología, el filósofo llamaba a una creencia ideológica cuando por una parte no poseía razones suficientes de justificación y por otra cuando tenía una orientación de promoción política en favor de determinado grupo. De igual manera, además de precisar las concepciones epistemológica y sociológica de Villoro en torno al concepto de ideología, se resalta su noción de ‘mistificación’, término usado para referirse a aquellos procesos donde un término justificado es utilizado junto a significaciones distintas o no justificadas para luego tomarse como equivalentes. Esto sería observable por ejemplo en la apropiación y uso indiscriminado del término ‘Revolución mexicana’ como instrumento de legitimación y dominio durante el siglo XX. Posteriormente, el autor nos presenta el concepto de ideología desde la perspectiva de Sánchez Vázquez, quien la definía como un conjunto de ideas acerca del mundo y la sociedad, que responde a intereses y que guía el comportamiento práctico de los hombres conforme a ellos. Para Sánchez Vázquez resultaba ilegítimo definir la ideología como una conciencia falsa, para él, esta puede contener elementos de verdad, destacando su función práctica como guía de la acción, con lo cual quedaba justificada. Al final, el autor hace notar las principales diferencias entre ambos filósofos en un aspecto valorativo y de justificación de la ideología, así como la preponderancia que cada uno le daba en su plano de acción epistemológica o práctica.

Esta compilación cierra con la transcripción de una entrevista que Rogelio Laguna realizó a Luis Villoro en el año 2008. En ella, se nos ofrece un acercamiento a este no solo en tanto intelectual sino como ser humano. Durante la charla, el filósofo es cuestionado sobre sus motivaciones para acercarse a la filosofía y sus inicios en esta carrera. Responde acerca de su posicionamiento político y su visión sobre la actualidad y futuro de la izquierda. Habla sobre su postura religiosa y su forma de concebir la muerte. Comenta algunas cuestiones respecto a su obra publicada y aquella en proceso, enfatizando su preocupación por el indigenismo y los movimientos de liberación de su tiempo. Villoro destaca la importancia de la intuición a la par del razonamiento, ya que esta toma en cuenta las emociones y la filosofía misma nace de la perplejidad ligada a estas; comenta: “a la filosofía le deben importar las intuiciones, porque no nace como una necesidad de razonar sino de la perplejidad. Esa perplejidad es esencialmente emotiva y a través de la emoción da lugar a la filosofía” (p.153). De manera más personal menciona sus gustos particulares por la música y la literatura no académica. Finalmente, ofrece su perspectiva hacia el futuro de la izquierda en México y se muestra optimista ante el avance del país.

Estos y otros artículos son expuestos en este libro por especialistas para quienes al igual que otros estudiantes y profesionales del pensamiento crítico, el legado intelectual de Luis Villoro resulta indispensable. Queda manifiesta la relevancia y la vigencia de la obra villoriana no solo como herramienta académica sino como un medio para entender conceptualmente y establecer soluciones prácticas viables a las problemáticas sociales donde el reconocimiento y la construcción de la pluralidad expresan su urgencia. Esta lectura constituye una muestra del trabajo académico que actualmente se realiza en México sobre sus retos y desde sus filósofos. Su publicación es signo de la voluntad, esfuerzo y buen ánimo de la academia mexicana en nuestros tiempos.