Una lectura “desmadrosa” de la Fenomenología del Relajo - MilMesetas

Ando sacado de onda… Mi jefa me corrió de la casa, que porque no me tomo nada en serio, que yo ando en el puro relajo. Y todavía se me ocurre decirle: “¿Cuál relajo, jefa? ¡Ni que estuviéramos en los 40s! Se dice desmadre”. Y que se enchila más porque que le estoy diciendo vieja. Y pues me dijo que no quería ni verme y pues por eso ando en este coloquio, para hablarles del desmadre. No, no es coto, neta vengo a hablarles del desmadre. ¿Y por qué? Pues por qué no. Luego en estos coloquios se habla de cada cosa que a nadie le importa, pero desmadre echamos todos, ¡y más los mexicanos! Somos, como dice Alex Lora, la raza más chida, pura raza desmadrosa. Y esto suena a toda madre así nomás, pero luego mi jefa igual y sí tiene razón y en el puro desmadre todo nos vale y entre risas y caguamas nos la pasamos haciendo pura pendejada.

Yo luego sí me pongo acá con los cuates, cuando ya todos andamos bien pedos y medio jetones, acá a platicar de estas cosas, de que sí nos pasamos de lanza, que luego nos gastamos $2,000 en caguamas para seguir el desmadre, como dice el chiquenlirul… Y me dicen “¡Ay, el filósofo de las banquetas!”, los muy mamones. Pero pues de qué filosofar si no de esas cosas que hacemos todos todos los días, de la calle y del metro y del cumbión loco y del desmadre. Porque eso está ahí enfrente pero luego ni nos fijamos, y eso que está ahí enfrente es neto y no lo que sale en esas películas de charros o las de ahora del Derbez y el migrante re-chambitas en Los Ángeles. Nel, eso no me identifica, y pues yo no tengo ni puta idea de qué somos los mexicanos, pero sí veo qué hacemos y lo que hacemos es echar desmadre… y pues eso ya dice algo, ¿qué no? El pedo aquí es saber qué dice.

Y lo primero que dice es lo que dice mi jefa: que en el desmadre no tomamos nada en serio, nos burlamos de todo y de todo nos cagamos de risa, pero eso no es lo importante. Lo importante es que todo nos vale madres, no nos comprometemos con nada ni llevamos nada a cabo, nada merece nuestra atención y, cuando estamos en una situación seria, buscamos mejor algo de qué burlarnos, como yo le hice a mi jefa. Y ése es el pedo, que cuando echamos desmadre no le entramos a nada que no sea el desmadre. Luego los vecinos reclaman y uno se echa un pedo o les hace caras… “¡Pues te vale madres, ¿no?!” Y uno se siente muy chingón porque los cuates también andan diciendo palabrotas y haciendo pendejadas, y entonces no importa más que el desmadre siga y vale madres lo que la gente nos reclama.

Sí, porque el desmadre se echa con la banda, por eso ya cuando los cuates se jetean en las pachangas yo me pongo a filosofar, “caguama en mano por el barrio, cantando canciones de amor” (Sam Sam). Pero cuando alguien empieza a echar desmadre como que dan ganas de seguirle, porque todo se vuelve ligero y todo vale madres, lo que importa es que siga el desmadre. La neta no se puede echar desmadre solo, el desmadre se hace en bola y cuando la banda empieza a echar desmadre hay “dónde” echar desmadre y ahí estamos todos, nomás chingando por ganas de chingar. ¡Y es que qué bonito se siente que a todos juntos nos valga madres algo! ¡Y qué bonito se siente ver la pinche cara de compungido de los que uno está chingando! Un puto escándalo para callarle el hocico al vecino que amenaza con llamarle a los cerdos si seguimos de pinches mariguanos, como dice mi Charlie Monttana. ¡Más ruido, más desmadre, trépale a la música, una rechifla al prefecto y una buenas mentadas para que no se oiga lo que nos exigen! Y no es adrede, no es que uno sea culero. Tampoco es que a uno le tuerzan la mano para entrarle, pero el desmadre se contagia, así chingón. Y es que el desmadre no es mala leche: uno se burla, ¡a huevo!, pero no en mal plan. Se trata de joder, pero no de joder a alguien. Si alguien se pasa de lanza, la banda le dice “¡Ya güey, cálmate!, Estamos chupando tranquilos”. ¿No les ha pasado que una madriza arruina el desmadre? Es que, no manches, le da en la madre al ambiente, porque le tienes que entrar a los putazos y, si no te la tomas en serio, pues te parten la madre. Por eso se saca a los mala-copa del desmadre, porque ellos quieren ofender, se sienten muy chingones y andan nomás buscando bronca porque creen que se comen la lumbre a puños.

Pero el “desmadroso” es buen pedo, es buena compañía pa pasar el rato. Es alivianado, no se clava, vive el momento, sin fijón. Y pues sí, los mexicanos somos bien desmadrosos, y no apagamos el infierno a pedos pero sí apagamos la Llama Eterna con una lluvia dorada en el Mundial de Francia. ¡Chale! Pues si eso somos los mexicanos… ¡Chale! Mi cuate “el Peperami”… le decimos así porque está bien pinche flaco y todo correoso, luego nos echamos una caguama banquetera después de la cáscara… pues mi cuate “el Peperami” dice que los mexicanos tenemos muy buen sentido del humor y sabemos reírnos de las cosas. Y pues sí, la neta que luego pasan cosas bien culeras y como que con la risa no sabe tan amargo el trago. “¡Pinche Peperami, tú sí me agarras la onda!”, “¡Agárratesta, puto! ¿Ya ves? ¡Puro desmadre sano!” Pero nel, aquí es puro ingenio, una albuereada sabrosa para ver quién es más cabrón. Y sí, nos cagamos de la risa un rato, pero en el desmadre es otro pedo.

Sí tiene razón el Peperami, de que cuando nos reímos de las cosas se ven diferentes, ya no la siente uno tan dura. Pero no siempre nos reímos echando desmadre. Como cuando el “Todas las puedo”, un pinche güey castroso que se las daba de muy vergas, andaba chingando con que los jodidos son jodidos porque quieren, que él sabía cómo salir de pobre y que el que no salía era por huevón. Y que el pinche “Mosco”, un carnal que es así una madrecita, pero que cómo chinga, que le dice: “¿Y ya se lo explicaste a tu jefe?”. ¡No manches! Pinche “Todas las puedo” casi se echa a chillar. Y nadie se rio, pero a todos nos dio risa: nos miramos con esa sonrisa irónica en los ojos. ¡A huevo, pinche “Mosco”! ¡Se la aplicó bien chingón! Pero eso no era desmadre, era otra cosa. La neta es que a todos nos emputa la pinche pobreza, pero por eso no andamos con jaladas de fórmulas de “pensamiento de rico y pensamiento de pobre”. Nel, la cosa es más cabrona, y tal vez ninguno de nosotros lo había pensado bien hasta que el “Mosco” le dijo lo que le dijo al “Todas las puedo”. Como que se nos vino encima como un balde de agua helada, y de la risa nos quedamos todos pensando.

Luego me fui con el “Mosco” por unas frías y nos pusimos a platicar en la banqueta, bien serios, bien sacados de onda… pero estuvo chido. Porque hay cosas que nos importan en la vida diaria: un perro atropellado en la calle en estado de descomposición, un niño en avanzado estado de ebriedad, que nos hacen preguntarnos “¿Qué va a ser de él, Dios?” (el Haragán). Sentimos que debemos hacer algo y a veces lo hacemos y sentimos que nos hacemos justos o buenos, sólo por esta vez, hasta que haya otro perro, otro morro con su mona. Pero, cuando echamos desmadre, no tomamos nada en serio, no le damos valor a nada, todo nos vale una chingada y todo lo tomamos a broma. “¡No te claves, carnal! No pasa nada”.

Imagen tomada de https://www.amazon.com/-/es/Rangerpolocon-Pegatinas-El-Borracho-calcoman%C3%ADas/dp/B087RNXRLN

Es que en el desmadre hacemos algo más que dar una risotada. No es sólo el humor, es más como si quisiéramos que todo lo valioso valga madres, porque así ya no duele, ya no cala y entonces ya no hay nada que hacer más que echar desmadre. Pero tampoco hay que ser apretados, porque entonces apretamos tanto el asterisco que nos llenamos la cabeza con nuestras propias flatulencias y así vamos creyéndonos la gran caca cuando sólo tenemos la cabeza llena de aire. No, el humor es chido, porque un buen chiste libera tanto como tronar un pedo, pero tronar un pedo no quiere decir que tengamos que cagarnos encima. Como quien dice, podemos reírnos de las cosas sin que por eso nos valgan madres. Recuerdo que un día mi tío Jesús nos contaba, en una reunión familiar, de que había visto en las noticias que un niño se había caído de una trajinera en Xochimilco. El chamaco no sabía nadar y se estaba ahogando. De pronto, un hombre se aventó y rescató al niño, dejándolo sano y salvo en la trajinera más cercana. Todos admiraban al hombre. En los noticiarios tomaban este suceso como ejemplo del deber moral que todos tenemos ante los que sufren. Remarcaban el espíritu de sacrificio de este sujeto que, sin importar que vestía traje Gucci y zapatos Dolce & Gabbana que quedaron completamente arruinados, ponía la vida del niño como prioridad. La reportera consiguió acercarse al sujeto que intentaba arreglar un poco su traje y le preguntó si quería decir algo. El hombre movió la cabeza afirmativamente y dijo al micrófono: “¡¿Quién fue el hijo de la chingada que me empujó?!”

¡Cómo nos reímos con este chiste de mi tío! Neta nos habíamos creído la historia. Me jefa estuvo repitiendo por más de quince minutos, como para desinflar el chiste poco a poco, “¿Quién fue el hijo de la chingada que me empujó? ¡Te pasas, Jesusito!” Pero no era desmadre, porque si un niño se está ahogando, pues te avientas sin darle vueltas, ya luego ves qué onda. Y aunque la historia era inventada, sí nos caló grueso. Y por eso no es desmadre. Tal vez un buen chiste libera como un pedo tronado porque cuando las cosas están muy de le chingada, nos deja verlas como de lejitos, así ya le echamos coco y tal vez hasta se vuelvan menos pesadas, pero no menos serias.

Pero mi jefita tiene razón: en el desmadre mandamos todo a la chingada. Sí, cuando andamos de desmadrosos vemos las cosas diferentes, como ligeras, pero porque nos las quitamos de encima. Como que el desmadroso quiere estar en ceros antes de llenar el tanque, no atachmens, quien le quiera entrar al desmadre ya sabe que hay que aguantar vara. Y que si alguien se pone serio, una trompetilla; y si otro se ofende, ¡uy, no se la acaba! El desmadre se echa en bola y en desorden, de ceros y nomás porque sí. Al revés del dicho, todos actúan revueltos, pero no juntos, porque el desmadre se echa con la banda pero sin planes. En el desmadre nada tiene valor, todo vale madres, nada cala y al que le cale es joto. Pero cuando nada cala, cuando nada importa, no importa tampoco a dónde jalar. Y si es neta que el mexicano tiene un carácter desmadroso, ¿entonces pa dónde jalamos los mexicanos?

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