Desde la fragilidad - MilMesetas

Para Emilio

Escribo este texto casi a la medianoche, por la ventana no se ve ninguna luz encendida en los edificios de enfrente. Cleo, que generalmente me sigue a todos lados buscando lamer mi mano, se ha ido a descansar. Empiezo a sentir que el sueño aparece en mí como una suave lluvia que espero que me deje llegar al final de las líneas. Pienso en una conversación que tuve recientemente con mi amigo Emilio: “Es cansado ser fuerte”, “especialmente cuando no lo eres”. Le decía esto mientras comentábamos cómo la pandemia nos ha puesto en situaciones que no habíamos previsto y en la que hemos sacado fuerzas de quién sabe donde para acostumbramos a estar lejos de las rutinas, de las fiestas, para enfrentar las despedidas y la incertidumbre. A veces incluso, y lo digo porque tiene poco tiempo que me vi en esa situación, hay que buscar entereza para mantener la calma mientras estas afiebrado en una cama sin saber si en cualquier momento todo empeorará y terminarás en el hospital (si encuentras uno con sitio), intubado, con la vida en el aire.

 ¿Pero cómo hacerse cargo de esta condición? Como tal vez a muchas personas que leen estas líneas fui educado para “ser fuerte”, para cumplir el deber de resistir los embates y contener las lágrimas. Porque, es cierto, en gran medida la supervivencia y poder continuar depende de qué tanto podamos caminar en medio del mal tiempo y de la tristeza que amenaza con poseernos. Terrible “perro negro” al que hay que ignorar mientras aulla desconsolado en un mundo en penumbras.

https://www.dansedanse.ca/en/tanztheater-wuppertal-pina-bausch-vollmondTanztheater Wuppertal Pina Bausch “Vollmond” Photo Credit: Julieta Cervantes

“Te dejo, al fin que eres fuerte” son tal vez las palabras más irónicas que he podido escuchar mientras mi corazón estallaba en mil pedazos. Otra ironía es que alguien frágil se dedique a la filosofía, una disciplina que desde Grecia exige la imperturbabilidad, el amurallamiento del yo y hasta el heroísmo del pensamiento. A la filosofía le cuesta trabajo hablar de la fragilidad porque en su historia ha dedicado sus fuerzas a construir un reino de lo humano que pueda estar, como dice María Zambrano, lejos de la furia de los elementos, del capricho de los dioses y de todo aquello que nos amenaza. No es un reclamo: la filosofía tiene razón al alejarse de la fragilidad porque es algo terrible que aprieta en el pecho.

Por eso tal vez mi manera de entender mi fragilidad ha sido la literatura, que a diferencia de la filosofía, parece no huir de nuestras debilidades. Desde antaño la poesía ha abrazado nuestras flaquezas y nuestros miedos, en sus páginas tienen eco las lágrimas de Priamo al rogarle a Aquiles que le devuelva el cadáver de su hijo, como también las lágrimas del propio Aquiles al perder a Patroclo, su compañero de armas a quien debía amar tanto como nos es posible amar a alguien. Algo tiene la literatura que nos permite acercarnos a la fragilidad sin sentirnos en peligro. Aunque ésta condición no es algo que podamos atrapar en las páginas de la ficción, sino que asoma por todos lados y finalmente es imposible ponernos a salvo. ¿Pero qué sería la vida sin nuestra fragilidad?

Recuerdo que hace años fui con mi amigo Javier a ver una obra, Ensayo sobre la fragilidad. Recuerdo poco de la obra y de los actores, aunque tengo la certeza de que era un montaje excepcional. Me acuerdo, sin embargo, de estar sentado junto a él viendo la obra, de nuestra larga plática a la salida en una noche que se hacía cálida en su compañía. Ahí también era frágil, éramos frágiles, pero el mundo nos protegía.

Imagen de portada: https://www.dansedanse.ca/en/tanztheater-wuppertal-pina-bausch-vollmond

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