Subirse a la nave estelar - MilMesetas

cada uno está determinado por lazos de sangre inextricables que no ha escogido.

François Cheng

Se suele decir que la ciencia ficción [a partir de aquí, solamente escribiré CF] madurará cuando decida bajarse de la nave estelar, para viajar hacia el interior del alma humana. Lamentablemente, esto lo he escuchado de muchas personas que desconocen el género y la tradición, que incluso no les importa saber, es válido; sin embargo, esta idea fue propuesta a mediados de 1960, durante el movimiento conocido como New Wave. Básicamente, los autores se proponían a olvidar la Edad de Oro (en específico la Space Opera) y la llamada CF dura, para arriesgarse a ser más experimentales en la forma, para que el fondo abordase lo social o la CF blanda.

Es claro que la Space Opera no murió, se sigue escribiendo y publicando, puesto que se ha ido adaptando; incluso en el cine, y en el formato serie, se sigue produciendo. Un claro ejemplo serían Interstellar de Christopher Nolan y Guardianes de la galaxia de James Gunn. Ésta última se estrenó el 1 de agosto de 2014, doce días antes de que mi madre falleciera.

Guardianes de la galaxia (2014) del director James Gunn, Marvel Estudios.

Han pasado siete años. Siete años desde que la muerte cambió mi forma de percibir la vida. François Cheng, en Cinco meditaciones sobre la muerte, dice: “En el curso de la vida, cada uno de nosotros se ha visto confrontado, directa o indirectamente, con la muerte de seres queridos o de desconocidos, y en otro plano, hemos «muerto» en más de una ocasión nosotros mismos. Esto nos hace tomar conciencia de la omnipresencia y del poder de la muerte (muerte individual, muerte de la especie)”.

Ese pasaje conecta muy bien con la historia de la película de Marvel: Peter Quill, o Star-Lord, al inicio pierde a su madre y la escena es dolorosa porque no tomó su mano antes de morir. Gamora vio morir a la mitad de su especie a manos de Thanos (cuyo vínculo con la muerte es evidente por el nombre; pero mucho más en las historietas, ya que él anhela ser amado por la Muerte misma), incluyendo a sus padres. Drax vive atormentado por el asesinato de su esposa e hija. Rocket es un personaje que en cierta forma tuvo que morir, para renacer como un experimento de la bioingeniería y tuvo que padecer el sacrificio de su mejor amigo. Cada uno estuvo cerca de la muerte.

No he olvidado a Groot, personaje que muere cerca del final, al sacrificarse por sus colegas; solamente que su situación es diferente. Al ser un humanoide arbóreo, su existencia es cíclica, para François Cheng este alienígena estaría más próximo a las raíces que “son el lugar de la muerte y del nacimiento”. El mismo Rilke dice:

Pues sólo somos la hoja y la corteza.La gran muerte que todos llevan en sí, es el fruto
en torno al cual da vueltas todo.

Entonces, Groot comprende su devenir y, por lo tanto, comprende que su muerte es un fruto que puede ofrecer a otros seres para que vivan; no por nada dirá: “Somos Groot”, rompiendo su forma tan individual y única de hablar.

Durante el clímax de la historia, Peter logra sostener entre sus manos la gema del infinito, se trata de la gema del poder (entendiendo poder como como energía vital); es en ese instante que puede ver a su madre y al fin logra tomar su mano para despedirse de ella —en su momento la escena me pareció premonitoria, ahora me conmueve mucho más—. Esto se debe a que esta gema permite la vinculación con todo el poder, la fuerza y la energía que alguna vez ha existido o existirá.

Portada, publicado en 2014

Siguiendo las meditaciones de Cheng, Star-Lord, junto a sus colegas, al sostener la gema se situó en el centro del Doble-reino, donde pudo apreciar el devenir universal, esto es, se insertó en la Vía por donde se transcurre de la Nada al Todo, del No-Ser hacia el Ser. Este simple hecho le permitió a los guardianes “seguir la andadura que va de la muerte a la vida —y no de la vida a la muerte— en vistas al fruto del alma que [absorbe] dolores y alegrías, lágrimas y sangre”.

Tan es así que Peter por fin abre el último regalo de su madre: un casete con más de sus canciones favoritas. En ese momento sentí un vínculo más cercano con él, ya que mi madre amaba casi las mismas canciones, incluso recuerdo que pensé que esta película le gustaría exclusivamente por el soundtrack; no obstante, falleció antes de verla. Por eso en sus últimos instantes decidí tomar su mano y despedirme de ella, dejarla ir, porque comprendí que yo no tendría una gema del infinito que me permitiera verla una vez más. Así que una historia con naves estelares me permitió comprender lo más humano que anida en nosotros: la muerte.

La película concluye con los guardianes (personajes tan dispares y rotos, pero que ya están empezando a cicatrizar) como una familia construida, dirigiéndose hacia las estrellas; aquel lugar antiguamente reservado para ciertos personajes, que los dioses inmortalizaron en forma de constelaciones. Así que desde que la humanidad miró al cielo estrellado, ha anhelado alcanzarlo; incluso se ha creído que las almas se vuelven estrellas:

encendida a través de los últimosvelos del firmamento,
el alma de Adonais, como una estrella,
alumbra desde arriba, donde los Inmortales.
Promocional de la película de Marvel Studios

François Cheng cita ese poema de Shelley, un hombre ateo, que compuso a su amigo Keats, explicando que siempre tenemos la necesidad de creer que hay algo que perdura tras la muerte. Peter Quill cerró esa cuenta con su madre viajando hacia las estrellas. Entonces, no es raro que cada vez que miro las estrellas, recuerdo a mi madre, porque brillan en medio de la perpetua oscuridad del espacio, como ella brilló siempre ante las adversidades de su enfermedad y que compartió con muchas personas. Así que cuando estoy triste subo a la nave, no para huir del mundo, sino para ir hacia lo profundo de mi alma y de esa forma alcanzar la estrella donde mi mamá sigue resplandeciendo.

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