Un viaje de idas y vueltas. - MilMesetas

Normalmente se acepta que los niños son los destinatarios naturales de tales cuentos, o los más apropiados. Al hablar de un cuento de hadas que consideran que tal vez los adultos podrían leer con deleite, quienes hacen su reseña se permiten con frecuencia donaires de este tenor. «Este libro es para niños de entre seis y sesenta años».

Sobre los cuentos de hadas
J. R. R. Tolkien

La ida

Recuerdo que quité el tercer disco de la dvd muy enojado. ¿Cómo era posible que hubiera desperdiciado de esa forma mi día libre: sin escuela, sin hermanos y sin padres? Se suponía que había elegido una película, cuyo trailer en su momento me impresionó, que contaba una gran historia sobre el enfrentamiento entre el bien y el mal; sin embargo, resultó que la primera película no tenía un final, bueno, era un final abierto. Incluso llegué a pensar que me faltaba un cuarto disco dónde vendría ese final, pero resultó que tendría que esperar hasta que saliera la segunda parte para saber qué le iba a pasar al portador del anillo y sus amigos dispersos.

De esa forma empezó mi relación, bien o mal, con la obra de Tolkien.

La vuelta

Durante un tiempo estuve molesto con esa película y sus secuelas, así que me concentré más en las películas y libros de Harry Potter, sobre todo porque la primera película sí tenía un final satisfactorio. La secundaria fue una etapa muy dura, porque, si bien no todo el mundo era gran fan de la trilogía de El señor de los anillos, al menos las entendían como películas maduras por tener once Oscares y espectaculares batallas; así que decir que te gustaba Harry Potter era una condena de interminables burlas, porque te consideraban un niño muy infantil —ay, el horrible deseo de crecer, ser un adulto y pensar que lo primero que uno debe hacer es renunciar a la imaginación—. El problema es que entre las pocas personas que podrían haberme comprendido, haber sido parte de la comunidad para hacerle frente a esos hostigadores, surgió una absurda rivalidad: ¿cuáles películas eran mejores, las de HP o las de ESDLA?

Me encerré en el universo de HP para resistir: había comenzado a leer los libros gracias a que una compañera me los prestó; noté que no muchos de mis compañeros eran lectores, ni los defensores de la gran trilogía estaban leyendo los libros de Tolkien, la lectura era un terreno donde podría estar seguro. Salvo una compañera que en ese momento leyó El Silmarillion —ahora, a la distancia, mi total respeto y admiración por esa niña—, pero no nos llevábamos ni bien, ni mal.

Harry Potter y el prisionero de Azkaban. El señor de los anillos, La comunidad del anillo. Warner Bros.

Entre los libros que me prestó mi compañera, estuvo Los mundos mágicos de Harry Potter. Mitos, leyendas y datos fascinantes de David Colbert. Entre esas páginas hallé muchas menciones a la obra de Tolkien, que despertaron mi curiosidad por leer los libros. Así que empecé a ahorrar para comprarlos, para comprarlos todos —yo los quería leer de golpe—; pero cuando llegó el momento de adquirirlos, el tipo que me los iba a vender, aconsejado por su novia, me los quiso vender más caros de lo acordado. Recuerdo sentir mucha rabia, yo me molesté y ya no le compré nada; aunque era tarde, mi corazón ya se había roto y desafortunadamente mi enojo aumentó contra la obra del Profesor.

La segunda vuelta 

Ya en la adolescencia, la etapa donde uno también se compra el discurso de que para ser adulto y maduro deben gustarte ciertas cosas, me asombró que el chico deportista y popular —sí, gracias estereotipos de la televisión estadounidense— estaba leyendo un libro cuyo título era: Las crónicas de la Dragonlance. El retorno de los dragones. Supuse que no estaría mal visto que yo también lo leyera. Además encontré más fans de HP, porque las películas se seguían filmando y seguían saliendo los libros, que no me hacían sentir tan infantil por esos gustos; pero no faltaron las ocasionales discusiones sobre cuáles películas eran mejores. De nuevo, no recuerdo haber visto a alguien leyendo los libros de Tolkien, lo que para mí significaba que quizá eran libros aburridos, viejos o infantiles, no como la trilogía de la Dragonlance con conflictos serios y maduros —perdonen a esa versión mía—; por lo tanto supuse que ESDLA no entretenía más allá de sus películas o juegos de computadora, como La batalla por la Tierra Media, que jugué mucho en mis tiempos libres entre clases.

El Silmarillion. El hobbit. El señor de los anillos. Editorial Minotauro

La tercera vuelta

Mientras era estudiante de la carrera, me encontré con compañeras y compañeros que eran fans tanto de HP como de ESDLA, un poco más del segundo por las películas y poca gente comentaba los libros —a pesar de una vez haber visto un cártel sobre una clase especial dedicada a la obra del Profesor—. Solamente recuerdo una leve discusión por El Silmarillion, pero no más, todo era siempre sobre las películas. También recuerdo el revuelo que ocasionó el anuncio de tres nuevas películas basadas en la obra de Tolkien. La primera película la vi más por compromiso con mis amistades, que por interés genuino. De nuevo, mi niño interno se molestó por hallarse ante el hecho de tener que esperar dos películas más para saber la conclusión de esa historia; a pesar de eso, no negaré que sentí mayor curiosidad por esta nueva trilogía.

El regreso

Todo cambió, no sé cómo explicarlo, cuando fui a ver El hobbit. La desolación de Smaug. La historia en verdad me atrapó y contemplar ese dragón con esos diálogos tan malévolos, encarnando una fuerza en verdad imparable. Además de conocer a Thranduil —personaje, no actor— que tenía algo de bello y corrupto me sedujeron. Sin olvidar a la tan polémica Tauriel. Decidí investigar más sobre el autor, su vida e intereses. Descubrir todo el amor que J. R. R. Tolkien sentía por la Naturaleza, que era un defensor de la imaginación y la fantasía, incluyendo los mitos, fue un duro golpe. Me molesté conmigo porque permití que muchas razones erróneas y factores ajenos a él y su obra me mantuvieran alejado mucho tiempo.

Así que resurgió mi interés por leer su obra y saber más sobre Tolkien. A mis manos llegó El Silmarillion, un amigo me lo regaló —no lo leí en ese momento, pero creo que ya es tiempo—. Después interactué brevemente con la Sociedad Tolkiendili de México A. C.; no obstante, sentía que no encajaba, me sentí un impostor por haber llegado a través de las películas de El hobbit.

Posters de la trilogía El hobbit de Warner Bros.

Por azares del destino, llegó a mis manos El hobbit y lo leí con una gran alegría. Ahora sí me sentía como un verdadero visitante de la Tierra Media, por fin estaba en un lugar donde no importaba si eras niño o adulto, si eras fan de la octalogía de HP o las dos trilogías de Peter Jackson basadas en la obra del Profesor; lo que realmente importaba era que no podías viajar a luchar contra dragones cargando odio y ambición en tu corazón, porque al final tu propia hybris sería tu perdición. Por supuesto, también fue importante, y aún lo es, comprender estas palabras del Rey bajo la Montaña:

—¡No! —dijo Thorin—. Hay en ti muchas virtudes que tú mismo ignoras, hijo del bondadoso Oeste. Algo de coraje y algo de sabiduría, mezclados con mesura. Si muchos de nosotros dieran más valor a la comida, la alegría y las canciones que al oro atesorado, éste sería un mundo más feliz. Pero triste o alegre, ahora he de abandonarlo. ¡Adiós!

El hobbit

Tras casi veinte años viviendo enojado, posiblemente conmigo mismo, y después de conocer personas que sí les importa reflexionar sobre la obra de Tolkien, más allá de las películas y discusiones sobre qué saga fílmica es mejor, he podido matar al dragón —o uno de los tantos dragones que este mundo quiere que aniden en nuestros corazones — y he podido abrazar al niño que quizás tenía miedo de iniciar un viaje por Faeri, para ahora ir juntos al bosque de la tierra de los elfos.


Imagen de portada: Tolkien y Tom Bombadil de Greg y Tim Hildebrandt.

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