Un ensayo sobre la búsqueda y recolección de hongos
La noche ha caído, el fuego se ha encendido, la lluvia no ha dejado de caer sobre el bosque. Entre risas, pláticas y silencios, comienzo a escribir “mapas” en el cuaderno, que apenas alcanzo a ver por los destellos de la fogata. El fuego ilumina y guía estas palabras.
Desde hace un par de años, junto a unos amigos, hemos adquirido la costumbre de visitar, en cada temporada de lluvias, un pueblito cerca de las faldas del volcán Popocatépetl, para practicar la recolección de hongos, específicamente psilocybe caerulescens, mejor conocidos como “derrumbes”. Adquieren este nombre debido a su hábitat natural, ya que suelen crecer principalmente en terrenos alterados como barrancos o tierra que ha sufrido deslaves.

Los hongos han ganado popularidad en los últimos años: muchas personas siguen fascinándose con la complejidad de estos organismos, con sus aún desconocidas formas de vida y con su misteriosa vida subterránea. Muchas personas los buscan por sus efectos en la consciencia; algunos otros porque no quieren quedarse fuera de las tendencias modernas de experimentar los efectos psicodélicos o de sumarse a las ceremonias “new age” que conducen en la mayoría de los casos a una engañosa espiritualidad egocéntrica. Sin embargo, desde la antigüedad, estos hongos tenían una gran importancia cultural y medicinal en las comunidades antiguas de nuestro país, como los nahuas, mazatecos, zapotecas y mixes, para quienes los hongos no son una simple especie natural más, sino que representan entidades sagradas, maestros espirituales conocidos por los nahuas como teonanácatl, es decir: “la carne de los dioses”.
Teniendo en cuenta lo anterior, es importante reconocer que los hongos se encuentran en un auge que antes no tenían, lo que demuestra indudablemente que hoy conocemos un poco más del mundo tan maravilloso de los hongos, a los que, por cierto, tendríamos que agradecer por contribuir a crear las condiciones idóneas para que la vida en este planeta sea tan diversa y perfecta.
Sin embargo, mi interés para escribir este pequeño ensayo no responde a la necesidad de describir las propiedades o efectos mágicos de los hongos; considero que ya hay muchos escritos y ensayos sobre esto. Más bien, me gustaría escribir sobre otro tema íntimamente relacionado con los hongos y que en muchas ocasiones pasa desapercibido: el proceso de la recolección y búsqueda, lo que la antropóloga Anna Tsing llama “la danza de los hongos”.

Para adentrarnos en esa danza, es necesario entender que dentro del mundo de los hongos, se forma toda una red simbiótica que involucra muchísimas realidades y dimensiones. Esta red se teje en el entramado de la búsqueda y recolección de los hongos, por lo que es importante identificar y resaltar a todos los agentes que se encuentran involucrados en dicha red: los hongos, los árboles y sus raíces que permiten la extensión y expansión del micelio, las plantas y herbáceas que los rodean, el musgo y las rocas, la tierra, la lluvia, los insectos, las bacterias del suelo, los minerales, los animales del bosque y, finalmente, los buscadores y recolectores de hongos. Todos estos agentes participan de alguna manera en la red significativa del mundo de los hongos y podríamos decir que no existe jerarquización alguna entre ninguno de los agentes; cada elemento es tan importante el uno para el otro. De hecho, como lo plantea una de las principales tesis de Anna Tsing, la huella humana y la devastación que estos producen, contrario a lo que podría pensarse, contribuye de alguna manera a la proliferación de los hongos. Esta lógica de la ecología de la devastación cambia radicalmente el panorama de las ecologías tradicionales y nos deja ver que, incluso ahí, donde aparece la devastación humana, surgen condiciones y posibilidades de vida. La naturaleza logra aprovechar la devastación humana para crear nuevos senderos de vida. 1

Fuente: https://fojournal.org/interview/anna-tsing-noticing-is-my-way-of-opposing/
Buscar hongos significa descubrir y reconocer interrelaciones de la naturaleza. Por extraño que parezca, “los derrumbes” no suelen encontrarse en lugares enclavados tan profundo en el bosque como algunas otras especies, sino que suelen crecer en los lugares de mayor perturbación del terreno; en ocasiones te sorprendes porque están justo ahí, debajo de tus pies, y solo hace falta mirar con detenimiento hacia abajo. Visitar el bosque para recolectar hongos se diferencia de una simple visita a la naturaleza: los recolectores tienen otras formas dinámicas de internarse entre los senderos, formas que involucran los cinco sentidos, porque la búsqueda implica no solo un rastreo arduo con la vista; se necesita escuchar al ambiente, abrirte paso entre las hierbas, arrastrarse por el suelo, oler el aroma tan característico del hongo, detectar el rastro de los recolectores locales u otros recolectores más experimentados. Esto se debe a que algo característico de los “derrumbes” es que año con año suelen crecer en el mismo lugar o muy cerca de donde crecieron la temporada pasada. Esto se debe, entre muchos otros factores, a la propagación del micelio debajo de la tierra. Existen zonas que, debido a las condiciones del suelo, son más propensas a favorecer el crecimiento de las micorrizas a través de las raíces de los árboles y con ello la expansión del micelio. Esto facilita de cierta manera la búsqueda, porque uno sabe ya en qué lugares y zonas buscar año con año; sin embargo, esto también representa un arma de doble filo, porque son varios los recolectores los que buscan en las mismas zonas. Así, aquellos que se internan desde muy temprano en el bosque, son los afortunados de encontrar un buen “yacimiento de hongos”.

A pesar de eso, la proliferación de hongos en temporada de lluvia es muy vasta y en ocasiones en las mismas zonas donde se recolectó, vuelven a brotar nuevos hongos pequeños que en un par de días se desarrollan rápidamente. Además, por muy experimentado que uno sea en la recolección de hongos, siempre se dejan zonas de tierra intactas, esa es otra peculiaridad de la búsqueda de hongos: siempre encontrarás una familia de hongos esperándote.
Con los “derrumbes” ocurre algo similar a los matsutakes que nos cuenta Anna Tsing en su libro “Los hongos del fin del mundo”, porque es gracias a la perturbación del ambiente que se crean las posibilidades idóneas para que estos hongos crezcan. Allí donde alguna vez ocurrió un deslave en la montaña, es tierra fértil para la proliferación del micelio de estos hongos. En una ocasión, un amigo me comentó sobre la posibilidad de que quizá, toda la información que estos hongos te proveen cuando los consumes proviene de alguna manera de la información contenida durante años en las rocas y materia orgánica de la montaña. Como si al derrumbarse se fragmentara toda esta información y se guardara sobre la tierra, conglomerándose en minerales, bacterias y microorganismos guardados durante mucho tiempo sobre las estructuras de la montaña. Si este es el caso, nosotros estamos recolectando los frutos de una larga cadena milenaria de información de la tierra; la pregunta aquí sería: ¿qué estamos haciendo con toda esa información?

Fuente de imágen: Matsutake mushrooms. Source: Brittanica https://thereader.mitpress.mit.edu/bruno-latour-on-anna-tsings-the-mushroom-at-the-end-of-the-world/
Regresando a la práctica de la recolección, siempre me he imaginado que si alguien pudiera ver las trayectorias de los recolectores de hongos desde las alturas, se lograría observar las trayectorias rizomáticas, parecidas a las redes subterráneas del micelio. Ya que la búsqueda de hongos resulta en un vaivén repetitivo en el caminar, en un ir de aquí para allá. Caminar y retroceder, descubrir nuevos caminos y regresar por los ya andados; por eso, al inicio relacionaba la práctica de la recolección como una danza itinerante con la tierra, tal y como lo menciona Anna Tsing:
La recolección de hongos es más un baile que una clasificación. Un baile que se asocia a muchas vidas danzantes. 2
Las trayectorias que se trazan son rizomáticas porque no se dirigen a un destino en específico, sino que la misma búsqueda y cosecha de ese día determina por completo la ruta. En la práctica de la recolección, los hongos de alguna manera substraen al recolector, haciéndolo parte de su propia red significativa. Los hongos hacen que te internes en el bosque, pero substraen toda tu atención como una experiencia meditativa. Tsing nos platica en torno a la naturaleza de ciertos recolectores:
Los recolectores de hongos que he descrito son observadores de las representaciones vitales de otros, además de representar sus propios bailes en el bosque. No les interesan todas las criaturas del bosque; de hecho, son bastante selectivos. Pero su manera de observar consiste en incorporar las representaciones vitales de otros a la suya propia. Esa interrelación de trayectorias vitales guía la representación, creando una forma de conocer del bosque. 3
Finalmente, la búsqueda de hongos, como lo menciona Tsing, consiste también en descubrir y aprender de las trayectorias vitales de otros organismos y de otras personas. La red significativa de los hongos se teje gracias a estas interrelaciones y cruces de formas de vida. Practicar la recolección de hongos de alguna manera te hace descubrir que los ecosistemas del bosque no son sino miles de redes de vida interconectadas y que estas redes, tan complejas como la de los hongos, logran adaptarse al desequilibrio e incluirlo en sus dinámicas de vida. El potencial de los hongos para adaptarse a la devastación humana es lo que ha inspirado a pensadoras como Tsing a replantearse la forma en la que podemos imaginar el mundo después de las ruinas capitalistas, porque sin duda, la naturaleza siempre encontrará nuevos mecanismos para adaptarse y los hongos son quizá su herramienta de adaptación más poderosa, lo que significa al mismo tiempo que, si imaginamos el mundo en las ruinas capitalistas, los hongos sean quizá la única salvación que tendríamos para volver a adaptarnos e incorporarnos a las fuerzas y mecanismos salvajes de la naturaleza; después de todo, este cuerpo que habitamos en este momento, tarde o temprano tendrá que atravesar un proceso de descomposición y procederemos a ser degradados y transfigurados en materia orgánica gracias a microorganismos tan complejos y silenciosos como los hongos.
Referencias
- Para conocer más sobre la ecología de la devastación y las tesis bastante interesantes de Anna Tsing, puedes revisar su obra: Los hongos del fin del mundo. Sobre la posibilidad de vida en las ruinas capitalistas.
- Los hongos del fin del mundo. Sobre la posibilidad de vida en las ruinas capitalistas. (p. 388)
- Ibid.