16/02/20
Son las 4:30 de la mañana. Me encuentro en el cuarto piso del Hospital de Traumatólogía Dr. Victorino de la Fuente Narváez, mejor conocido como el Hospital de Magdalena de las Salinas, o simplemente como “el Magdalena de las Salinas”. El pasado martes 11 de febrero atropellaron a mi mamá en el cruce entre las avenidas Montevideo y Río Bamba en la colonia Lindavista. El accidente le produjo un traumatismo craneoencefálico que ameritó una cirugía urgente para extraer la hemorragia de su cabeza. Estuvo al borde de la muerte. El diagnóstico, al momento, es edema subdural.
Hasta esta madrugada del domingo parecen haber síntomas alentadores sobre su condición. El golpe principal se produjo en la zona del lóbulo temporal izquierdo en donde se alojan las funciones del lenguaje y la memoria a corto plazo. Aún no ha abierto mucho los ojos y cuando lo hace es por breves periodos, así que aún no se puede determinar ningún tipo de secuelas.
Ahora duerme en posición fetal sobre su lado izquierdo. Conseguí que las enfermeras no la amarraran hoy para mantenerla derecha boca arriba; argumenté que así es como ella duerme regularmente. Estoy al cuidado de que no se rasque las zonas de puntos de sutura para evitar una infección en la herida de la operación, que no se incorpore violentamente y que no intente bajarse de la cama. Para no dormirme, escribo por momentos.
Afortunadamente, la cama 432 se encuentra en un costado de la sala y tiene un ventanal desde el que se aprecian algunos edificios y la iglesia de la zona. Sin embargo, lo que más resalta del paisaje, es la falda luminiscente del cerro del Chiquihuite. Ante esta imagen, mamá diría: “Mira, prendieron las luces del nacimiento”. Eso me decía cuando era niño cada que regresábamos por carretera a la Ciudad de México.
Desde hace tiempo, cada que regreso de dar clases de la ciudad de Cuernavaca, y veo un paisaje similar, también pienso en la pieza Lichtflüsse XV del artista interdisciplinario mexicano Zael Von Mazon. Esta pieza forma parte de una serie de cuadros, cuyos puntos de partida son el paralelismo entre la concepción del espacio como una acumulación de estratos o capas de conexiones –físicas, virtuales y espirituales–, y la acumulación de material que la representación gráfica contiene en su proceso. Así mismo, se desmenuzan y exploran las diversas capas de flujos (físicos y virtuales) que, sobrepuestas, componen al espacio habitable que configura el entorno urbano. Von Mazon omite la palabra “ciudad” para evitar la referencia a la objetualidad arquitectónica para que, partiendo visualmente del fenómeno espacial que significa lo lumínico, se construyan los flujos restantes usando el imaginario del espectador. Esto con el objetivo de generar una reflexión abierta sobre las narrativas, afectos, transferencias y posibilidades que en este paisaje indómito de puntos luminosos acontece.
La pieza por sí misma es seductora en su fondo negro y bastante elegante en los puntos y trazos blancos que dan la impresión de los flujos lumínicos. Uno puede estar parado frente a ese abismo luminiscente por horas y percibir la tranquilidad de la lejanía. La belleza de abandonar el centro y ser periférico. O, incluso, perder la noción de materialidad. Ser inmaterial. Suspendido en el espacio, exterior al tiempo; si es que algo así existe. Cuando Von Mazon visitó una de mis clases en la UNAM, recuerdo a alumnas comentando estas obra y hablando sobre la ciudad, la memoria de la carretera; y una comentó que para ella, “eran constelaciones”.
Desde hace bastantes años me encuentro en disputa con la idea de representación en el arte. Considero que esta noción nos ha llevado a reforzar y consolidar prácticas nocivas para nosotros a base de repetirlas una y otra vez en las imágenes, particularmente en escena. Tiendo más a la línea Imaginativa del arte. Es decir, a aquellas obras que nos permiten ensanchar nuestro marco de experiencia y, a partir de ello, poder reimaginar, o ensayar otras posibilidades de existencias, de construcción de realidad como sucede en este caso.
Lichtflüsse XV fue parte también de la pieza interdisciplinar (Des)pliegues, a la Von Mazon nos invitó a colaborar a Laura Muñoz y a mí, como parte de las activaciones de la exposición de Taller Transversales en la galería Luis Nishizawa de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM en el 2018. Fue esa pieza la que me motivó a regresar a la escena –luego de 3 años aproximadamente– y ha sido decisiva en el sentido que ha tomado la reciente etapa de mi trabajo artístico. De esta experiencia ya he escrito más ampliamente en otros ensayos, así que no me detendré en ella.
En uno de esos retornos nocturnos de Cuernavaca a la Ciudad de México fue que decidí capturar el paisaje con la cámara de mi celular. Al ver la grabación me percaté que mi reflejo en la ventana del autobús también era parte de la imagen. Subí ese video a mi historia de Instagram y la titulé Lichtflüsse: Soy mi propio fantasma. Esa sensación me ha hecho bastante sentido en esta época. Apenas soy un flujo de energía, mi fantasma. Decido tomar una fotografía de este paisaje desde el hospital.
Mi mamá se incorpora en la cama. Lo ha estado haciendo por lapsos. Me sostiene del brazo para mantenerse sentada. Abre los ojos. Observa a su alrededor. Me observa. Le digo: “Estás en el hospital. Te operaron. Te estamos cuidando”. Me observa, recarga su cabeza en mi hombro y la abrazo un momento. Se separa. Intenta enfocarme. “No traes tus lentes, tal vez por eso no ves bien”. Se recuesta nuevamente en posición fetal del otro lado y duerme.
Esto se repite cada 20 o 40 minutos hasta el amanecer. Cada vez ella se mantiene más tiempo sentada observando. Yo le vuelvo a decir todo hasta que me aventuro a preguntar “¿Me entiendes?”. Ella asiente con la cabeza y un leve sonido de su boca. “¿Me reconoces?”. Vuelve a asentir de la misma manera. Los ojos se me nublan por las lágrimas. La abrazo y ella me abraza fuerte. Se separa. Balbucea. Se apoya de mi brazo y se vuelve a recostar para dormir.
Son las 7:00 de la mañana. Llega mi cuñada para relevarme en la guardia. Le cuento brevemente todo esto para que ella tenga la información. Mi hermano espera afuera. Vamos a desayunar a un restaurante. Luego de ordenar, él decide ir al baño. Reviso la fotografía que tomé en la noche. De nueva cuenta encuentro mi reflejo en la ventana del hospital. Algo llama mi atención al fondo. Agrando la imagen con los dedos. Ahí está el reflejo del rostro de mi mamá dormida. No puedo dejar de pensar que las reconexiones de neuronas, que se están comenzando a restablecer en su cerebro, pronto producirán más flujos lumínicos.

Imagen de portada: Lichtflüsse XV de Zael von Mazon
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