El acto de escribir y el cuidado de las plantas - MilMesetas

Desde que recuerdo, no hay cosa que aprecie más en la vida que el contacto con la naturaleza.  Hay momentos en los que me resulta necesario apartarme de la espesura de lo cotidiano y la angustia de lo pasajero para permitirme habitar la tranquilidad del tiempo, caminar sobre algún sendero en el bosque, entregarme a la serenidad de la sombra de un árbol. Y en ciertas ocasiones, sentarme simplemente a tomar un café o un té en la pequeña terraza de mi casa rodeada de plantas aromáticas y flores.

Momentos semejantes los encuentro también en el instante en que escribo o cuando me dedico a mi pequeño huerto. Ambos actos me permiten encontrarme con el silencio, hacer silencio. Aquella relación que me acompaña día con día me ha llevado a pensar en la similitud de la escritura con el trabajo de la tierra. ¿No es el arado de la tierra una forma de escritura en la que queda marcada la huella de nuestro trabajo y en la que florecen los frutos de nuestra paciencia?

Escribir sobre la tierra supone trazar surcos y senderos, supone también sembrar semillas, delimitar el crecimiento de las plantas. Algo parecido a lo que se hace en la hoja de papel en blanco. Escribimos trazando surcos, bosquejando senderos que delimitan el crecimiento de las palabras en nuestro pensamiento. Sembramos ideas y emociones que hacen germinar palabras provenientes de nuestro interior. Cuando escribimos somos labradores de nuestro propio terreno creativo.

Son precisos los momentos del día en los que suelo dedicarme a la escritura y a la jardinería. Temprano por las mañanas, suelo regar las plantas, contemplar sus cambios, recoger sus frutos y preparar la tierra. Por las noches, suelo dedicarme de lleno a la escritura en el papel: recoger palabras, cultivar ideas, anotar pequeñas notas y recordatorios del día. Ambos trabajos necesitan una materia prima que hay que cultivar para transformarla en expresión de la propia naturaleza.

Fuente: https://ethic.es/2019/08/loa-a-la-tierra/

Escribir sobre la tierra entregado al cuidado de las plantas me permite conectar con el tiempo y los ciclos de la naturaleza, con el ritmo particular de cada planta. Me hace salir por unos instantes de ese otro tiempo que aprisiona con las manecillas del reloj. Salir del encierro al que hoy todos estamos condenados.

La escritura, en ambos sentidos, suele tomar la forma de un autoconocimiento, una experiencia que me hace posible saber de las diferencias, de lo irremediablemente “otro” que forma parte de mí. Tal como lo expresa Pessoa en uno de sus poemas:

Aquel arbusto fenece, y se va con él

parte de mi vida.

En todo cuanto miré quedé en parte.

Con todo cuanto vi, si pasa, paso,

ni distingue la memoria

lo que vi de lo que fui.[1] 

De igual manera como trazamos metáforas en lo escrito en el papel, al trabajar en la tierra sembramos semillas que devendrán metáforas de la tierra. La flor, semejante al poema, representa una expresión de la naturaleza. Heidegger decía que la palabra es el templo del ser, de este modo podemos descubrir una mostración del ser: tanto el poema como la flor nos muestran y comunican algo de nuestra propia naturaleza. Nos permiten comprender la impermanencia de nuestra propia existencia.

De ahí surge la poesía de Pessoa inspirada en la sabiduría de la tierra:

“Las rosas amo del jardín de Adonis,

esas volucres amo, Lidia, rosas,

que en el día en que nacen

en ese día mueren.

La luz para ellas es eterna, porque

nacen nacido ya el sol, y acaban

antes que Apolo deje

su curso visible.

Hagamos así nuestra vida un día,

inscientes, Lidia, voluntariamente

que hay noche antes y después

de lo poco que duramos.[2] 

Sembrar es escribir sobre la tierra lenguajes que sólo desde el silencio y la contemplación de la naturaleza es posible percibir. Trazar palabras sobre la hoja de papel es escribir el lenguaje de nuestro propio interior. Ambos actos me han permitido cultivar la serenidad tan necesaria en un mundo que corre a prisa, envuelto en el bullicio y la angustia de un tiempo desorientado. Tanto en el cuidado de las plantas como en el acto de escribir he encontrado el silencio necesario para el arduo trabajo que representa el arado de nuestra propia existencia.

Fuentes

Pessoa, Fernando. Odas de Ricardo Reis, Traducción cedida por editorial Pre-textos de Ángel Campos Pámpano, Ed. BIBLIOTEX. S.L., México 1999.


[1] Fernando Pessoa, Odas de Ricardo Reis, p. 72.

[2] Ibid, p.19.

Déjanos un comentario