Conversación con Lucila May Peña, escritora peninsular - MilMesetas

Conversación con Lucila May Peña, escritora yucateca y gestora cultural

R: ¿Cómo te defines a ti misma?

L: Soy escritora, he estado trabajando con la palabra desde que entré a estudiar a la Escuela de Escritores Leopoldo Peniche Vallado en 2012. En este camino hice otras cosas que también tienen que ver con la literatura. Lo primero que hice fue periodismo cultural. Después me invitaron a conocer la vida en el teatro y en ese aprendizaje apoyé a una compañía de teatro y a un gran artista, el actor Francisco Sobero Garavito “Tanicho”, cantante y actor. Llevamos una obra de teatro a Miami. Ahí conocí muchos actores de varios países. Realicé un casting al que me invitaron y empecé a hacer teatro. Fueron once presentaciones, en una de ellas cerramos el Festival Wilberto Cantón, en el más grande escenario de Mérida: el teatro José Peón Contreras. Recientemente participe en la obra “El Bosque” en esta, además de actuar hice de productora, promotora, empresaria en un evento. Esta obra, inauguró el Festival Otoño Cultural reactivando la vida cultural durante la pandemia. He puesto en escena obras en pequeño formato y con bajo presupuesto. Un cuento mío se hizo obra de teatro: “Cocíname un pollito” y dos o tres más de pequeño formato. En este febrero o en el marco de la FILEY presentaremos un cortometraje que produje, emanado de un cuento mío: Año nuevo. Así casi sin darme cuenta he estado inmersa en el teatro.

R: ¿Cómo llegaste a la escritura, siendo que te formaste en enfermería y trabajaste en eso hasta jubilarte?

L: Así es. Soy licenciada en enfermería, tengo especialidad en administración, docencia e investigación. Y dentro de la administración la motivación y lo procuraba al personal. Siempre andaba buscando frases bonitas para entregarlas en cartitas para el día de la madre, del niño, el día del padre, para todos los motivos festivos. Otro motivo quizá inconsciente fue que cuando me jubilé en 2011 una compañera puso su mano en un hombro y me dijo: Lucila, ¿qué vas a hacer ahora? Se me hizo un nudo en la garganta porque ya había planeado cocer, bordar, pintar, cualquier cosa, menos escribir, ¿verdad que vas a escribir? Agregó grabándolo en mi cerebro y guardándolo entre tantas expectativas que tenía en ese momento. Sonreí. Dos meses después me encontré con una invitación en la radio difundían una convocatoria para ser parte de la Escuela de Escritores. Creo que puedo hacer eso- pensé, porque muchas veces platicando con alguien me preguntaba ¿por qué no escribes un libro? Y así empecé, tenía tiempo y creí que podía aprender cómo se escribe. Al principio deseaba escribir sobre mi papá, lo que recordaba de mi infancia, sus conversaciones. Esto me llevó a la escuela de escritores.

R: ¿Qué significa ser una escritora en Yucatán? ¿Cuáles son tus temas?

L: Para mí sería un poco difícil decidirlo porque tiene que ver con la época. Al principio yo no sabía sobre qué escribir. Quería escribir sobre mi papá y no lo hice porque él acababa de morir y no podía hacerlo. El tema para escribir surgió por algo que leí en las redes sociales, buscaban textos para publicar que tuvieran que ver con el abuso de autoridad y por estar ensimismada en mi trabajo no me había dado cuenta que existe, es una realidad. Me di a la tarea de investigar que creía la gente que era abuso de autoridad y con eso publiqué mi primer libro desde diversos puntos de vista. Ha sido un poco difícil decidir sobre qué escribir. El segundo libro es una creación colectiva en ese caso sorteamos el tema el tema. Una noche de marzo de 2019 nos reunimos para crear. Seleccionamos cinco palabras, lo rifamos y trabajamos sobre La vida. Abordando el tema de la vida volvemos a hablar de todo y cada uno, desde su punto de vista lo trabajó, fue un bonito producto, chévere y rico en experiencias, expectativas y propuestas. Mi tercero y más reciente libro se llama On the table. Nobleza que sirve tiene que ver con la actualidad.

Este libro nace de cómo la pandemia golpe´ó al gremio de enfermería. Muchas enfermeras y enfermeros tuvieron que dejar a su familia, rentar una casa, esperando que pasara la cuarentena, también estuvieron viviendo situaciones, tristes, injustas y vergonzosas. Me dí a la tarea de recopilar veintidós testimonios de enfermeras y enfermeros de diferentes instituciones públicas, privadas, edades, de fuera de la ciudad, jóvenes, maduros, activos y jubilados. Estaba segura que la manera como la población trataba a los enfermeros era desconocimiento, esa falta de respeto es por ignorar quiénes son, cómo se forman. Quise mostrar cómo vive una enfermera que sueña, sobre todo, del personal operativo, cómo viven su día a día. Es una especie de trabajo periodístico, testimonial al que le di un poco de trabajo literario porque estas personas no están acostumbradas a responder una entrevista. Como escritora es importante para mí dejar por escrito la realidad que vivimos en esta ciudad, sus alrededores, sus habitantes, la dinámica social.

R: ¿Cuáles son los temas sobre los que te cuesta trabajo escribir?

L: Sobre el amor romántico, pero estoy segura que pronto lo haré. Sobre mi padre porque el teléfono donde grabé algunas platicas, se perdieron, el teléfono se quemó. Sin embargo, ha aparecido como un personaje dentro de alguna historia. Creí que no escribiría sobre un albañil, pero lo hice y salió una historia muy bonita. Planeo lo que voy a escribir, lo trabajo. También leo bastante ahora estoy estudiando sobre el suicidio. No se me hace difícil escribir, lo difícil es encontrar el tiempo para hacerlo.

R: ¿Hubiera sido distinto si desde joven hubieras escrito, crees que hubiera sido distinta tu escritura, los temas?

L: Creo que sí porque en mi juventud no me gustaba la escuela, entonces no era disciplinada, no me gustaba. En la primaria hojeaba los libros de la biblioteca, leía revistas, me gustaban los libros de español, los  cuentos y poesías, historia, nunca tuve en mente que iba a terminar escribiendo.

R: ¿Crees que sea una cuestión de género, de la propia sociedad yucateca ver con buenos ojos que una mujer escriba?

L: Es una cuestión de visión y tiene que ver la cultura. Por ejemplo, muchas enfermeras no leen y no le interesa escribir, conozco muchas que al jubilarse dicen: al fin voy a cuidar a mis nietos, voy a descansar. No lo ven como una posibilidad de hacer cosas diferentes. En lo personal, la tarea es muy motivante, además me ocupo de difundirlo en las redes sociales. Yo misma subo material, comentarios, muestro lo que voy haciendo. Uno de los grupos que me siguen son enfermeras, espero que lo que ven las motive a leer y a escribir. Me buscan, me compran los libros.

R: ¿Es fácil para una mujer yucateca tener una voz o no?

L: No es fácil porque como en todas partes hay grupos y sub grupos de escritores. Están los académicos, los que tienen prestigio, credibilidad, aunque no escriban, pero tienen su grupo. Y llega Lucila, no les gusta, hacen el feo. Lucila no es cualquier mujer, no les pide nada. Ella trabaja, hace cosas. Si no se portan tan groseros los invito y creo que poco a poco me van aceptando. El lugar que actualmente ocupo en la sociedad y en el grupo de escritores me lo he ganado con mi trabajo. Siempre he dicho que hay que salir a mostrar, a vender, a compartir. No me gusta cacarear, pero hay que tener presencia y apoyar a los que van saliendo, a los jóvenes. Hay jóvenes muy buenos que están surgiendo. No soy poeta, pero cuando escucho un poema puedo decir: esto es bueno, aunque no a todos les guste. A los maestros que se creen vacas sagradas no les gusta que surja alguien más menos si es joven. No tiene que ver con que seas mujer, en ese sentido tampoco se me ha hecho más difícil, es un trabajo y lo hago todos los días, pongo mi dinero, mi tiempo y apoyo a los demás.

R: Háblame un poco de tu papel como gestora, ¿cuáles son los grupos creativos a los que perteneces y cuál es la dinámica que tienes con ellos?

L: Lo que nos hace falta en gestión es tener contactos, tener amigos, gente que te apoye y eso hay que trabajarlo a diario. Que yo me siente a escribir a nadie le importa. Creo que hay que trabajar haciendo amigos, ganando contactos, tratar de contagiarles entusiasmo a través de lo que uno hace y los asuntos importantes. Uno de los grupos donde me apoyo es el del Encuentro de Lunas de octubre en Baja California Sur, conocer a Anja Aguilera, Blanca Bátiz, Humberto Payán, a ti Rogelio Laguna, fue fundamental porque a través de la amistad van surgiendo contactos para ampliar nuestro campo y de ahí nació De Península a Península. El primer encuentro de Escritores creo que salió muy padre. Esto dio pie a un grupo símil en Guadalajara donde Anja y Miguel como esposos y como creadores se dieron a la tarea de armarlo denominado “De norte a Sur bajo la sombra del Venado”. Conocí a Horacio Saavedra Castillo, en ese momento andaba en los 25 o 26 años y ya contaba en su haber dieciséis libros publicados, ahora ya tiene 28 o treinta libros con 32 años gracias a su perseverancia, disciplina e ingenio. Por él llegué a Perú donde conocí escritores de 16 países, incluyendo Irán. Pertenezco al grupo internacional Vuelo de Mujer con sede en Ecuador. He impartido conferencias y participado en eventos internacionales de manera virtual en diversos países como Chile, Perú, Colombia, Estados Unidos, Francia y asistido a Encuentro Nacionales de escritores en Sonora, Chihuahua, Ciudad de México, Quintana Roo, Michoacán. También he tenido participación activa en la Feria Internacional del libro en Guadalajara desde 2015 de manera presencial, excepto en 2020.

R: Me gusta esta idea de la amistad como ruta, pero la amistad es muy caprichosa. ¿Cómo depender de la amistad?

L: A estas alturas de la vida hay que trabajar y la amistad es el mejor tesoro que uno puede tener, cuando me di cuenta de eso empecé a trabajar con un pequeño grupo de siete personas desde entonces estamos unidas, apoyándonos algunos tropiezos de vez en cuando que sirven para sacudirnos. Para lograr proyectos de mi parte tengo algunos pesos, y vehículo. Los amigos que logran contagiarse, que poseen casas, o departamentos apoyan con hospedaje para los escritores porque no somos ricos, no ganamos mucho, no vendemos libros. Así van creciendo los grupos añadimos contactos, creamos proyectos.

R: Además de la amistad se requiere un contexto favorecedor para poder hacer literatura, qué pasa con los jóvenes sin recursos, con los que trabajan en las fábricas, pero quieren escribir y que no saben a dónde dirigirse. ¿No hay una distancia entre la literatura y la gente?

L: A los jóvenes los invito y cuando trabajamos, creando, difundiendo, también tienen que dar, a veces su tiempo, trabajo. Siempre podemos intercambiar en la búsqueda del arte. De algún modo nos apoyamos. No siempre va a ser dinero. El hecho de que sepas que no los vas a dejar solos sirve para que tampoco te dejen sola. Tengo muy buenos amigos con los que trabajamos y nos apoyamos de verdad, sacamos nuestros proyectos y disfrutamos cuando ven la luz. Una amiga me lo explicó muy bien: se trata de trueque: tú tienes algo que necesito, me sirve y yo tengo algo que tú necesitas, lo truequeamos.

R: ¿Y qué hay de los apoyos institucionales? Dependemos de los amigos porque ¿dónde están las becas, el dinero de los proyectos culturales?

L: Eso es muy difícil de adquirir. Tengo muy mala suerte, nunca me ha tocado nada de eso. Proyectos casi de milagro, a veces de fiado o coperacha. Antes de alguna presentación hacemos panuchos, empanadas, pastelitos, aguas para ofrecer a los asistentes y no se vea triste el evento. Servimos, levantamos mesas y sillas, lo que haya que hacerse porque el apoyo gubernamental no llega. El gobierno quiere además que uno sepa hacer oficios para solicitar sonido, técnicos, pero dinero, al menos a mí, nunca.

R: ¿Cómo es estar en Yucatán para la cultura, para el teatro, las grandes producciones? ¿Qué es para ti estar en Yucatán respecto a la oferta cultural?

L: Normalmente aquí hay mucha cultura, todo el año se dan grandes eventos. Aunque con la pandemia y después, no tanto. Hay teatro, cine club, en los bares hay grupos musicales, muchos teatros pequeños, algunos grandes, por ahora están cerrados. Hay mucha oferta y también sirve para darse a conocer, pero está reservado a unos pocos, hay descontento de gran parte de los artistas. Una de las cosas que se critica es que el escritor no va a las galerías, o los pintores no van al teatro. Trato de estar en todos esos lugares y sirve para estar conectada para aprender, saber lo que está pasando, aquí me queda muy bien. La Ciudad de México me da terror, no me gusta. Me gusta más Guadalajara, Sonora, Chihuahua. Muchos de los artistas que logran triunfar aquí tienen que irse a la Ciudad de México algunos logran hacerse de prestigio. Creo que hay oportunidad para todos, el mundo es suficientemente grande y si, cabemos.

R: ¿Quiénes son tus referentes de la cultura yucateca?

L: Ahorita está en boga Conchi León que es actriz y dramaturga. Ha estado en los Arieles, en Netflix. Pierre David que es un comediante y ha ido a México, es buenísimo. Hay muchas personas, grandes actores ya desaparecidos. Con la pandemia muchos se han muerto como Armando Manzanero, Sergio Esquivel. De escritores están Marco Antonio Rodríguez Murillo que ganó el Premio de poesía José Emilio Pacheco en 2021. Creo que nos falta confianza, quitarnos el miedo, en mi caso quisiera ir a la ciudad de México a presentar mi libro Alquimia de aguas decantadas que se publicó en la Ciudad de México y no se pudo presentar por la pandemia. La editorial Tinta Nueva me dio premio de cuento, también me gustaría presentarlo allá. Acabo de estar en una antología que se llama En la orilla de la palabra con el grupo de círculo de viento en Ecatepec. Sí quiero ir a la ciudad.

R: ¿Qué proyectos tienes en mente?

L: Quiero escribir sobre suicidio, ya lo estoy trabajando. No sé si será un ensayo o cuento largo. Voy a partir de que en 2021 en Yucatán se suicidaron 228 personas, de las cuales 14 fueron mujeres, es decir, 214 varones se mataron. Las mujeres sufrimos numerosas crisis emocionales y el año pasado sólo 14 se dieron por vencidas de entre millones de mujeres. ¿Qué peso tiene la frustración en el carácter la genética, el entorno, la cultura la manera de reaccionar, dentro de estos acontecimientos fatales? Estoy investigando el tema. Creo que será un cuento largo.

R: ¿Qué le dices a las personas que quieren entrar a la literatura, pero que llevan toda una vida dedicándose a otras cosas? ¿Crees que la literatura es una casa abierta?

L: Escribir, lo puede hacer cualquiera, todos tienen algo que contar. Cualquiera puede tener una vida interesante o frustrante que contar. Pero no todos tienen la capacidad de hacer literatura. El que quiera escribir que lo haga y cuando tenga algo que busque quien lo apoye para darle forma a su idea. Es como el libro testimonial que hice. Escribir no es lo mismo que hablar, ni hacer un texto es lo mismo que hacer literatura. Hay que estudiar. Se requiere de intención, escribir no cae del cielo, no viene la musa por más que la invoques a gritos. La musa hay que buscarla en alguna parte. Hay que leer mucho, es parte del trabajo, aunque sea el periódico.

R: ¿Vale la pena escribir en una época en la que cada vez leemos menos?

L: Sí, porque escribir no es nada más llenar hojas, significa sacar de dentro lo que no te deja vivir. Quien escribe sabe que es un ejercicio catártico, esclarecedor. De pronto comienzas a ver tu vida cómo realmente fue, con tus propios ojos, te descubres. Es muy importante, por lo menos hacer un diario, o escribir notas. Otras de las cosas por las que escribo, es porque estaba muy alejada de mi familia, de mi hija mayor. Casi no me visitaba y me daba mucha tristeza no poder convivir con mis nietas y nietos. Quise que a través de mi escritura me conocieran, que cuando yo no esté aquí sepan quién soy, quien fui y lo que hice. Tengo un diario donde dejo anotaciones sobre los textos que voy creando, su origen. Por eso, vale la pena escribir.

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