Arturo Santana o la poética del asombro: conversación con Ramsés Oviedo - MilMesetas

El 15 de agosto de 2020, el poeta y maestro Arturo Santana me recibió en su casa cerca del Auditorio Josefa Ortiz de Domínguez, en Querétaro, gracias a las intercesiones de mi amiga Rocío Ortiz. Me preguntó por quiénes conocía, me ofreció café y galletas (cortesías de su esposa) y hablamos cerca de dos horas sobre su visión de la poesía y sobre su trayectoria en el mapamundi queretano. Arturo Santana nació en El Limón, Jalisco, en 1949, y llegó a Querétaro en 1984. Se recibió como Profesor de Educación Primaria en la Escuela Normal de Jalisco. Editó revistas literarias, creó talleres literarios, impartió clases en la UPN-Querétaro, realizando con gran pasión y compromiso la encomienda social de generar una cultura literaria. Ha publicado siete libros de poesía y amenaza con reimprimir uno de sus poemarios más apreciados por la crítica local, Paterna vía.

Usted ha escrito varios poemarios con una expresión muy recurrente. ¿Por qué esa frecuencia de la palabra “asombro” en su obra poética?

La palabra poética es una especie de misterio. Está forjada, está construida con palabras, pero hay una zona de la realidad que no tiene nombre, existe, está ahí; hay que descubrirla, buscarla, inquirirla, y cuando la encontramos, deviene asombro. Es una especie de magia. Precisamente el libro que me publicó la UNAM, que titulé Desde el asombro (2000), quiso hurgar en esa zona que está entre el pensamiento y la poesía. Aunque dice este filósofo… ¿Cómo se llama? Un filósofo norteamericano… Que no hay una pugna, no hay una lucha entre el pensamiento y la poesía. Los filósofos que han incursionado por esos rumbos se elevan del plano del pensamiento y arañan, tocan al de la poesía. Incluso hasta este filósofo norteamericano escribió un libro La poesía del pensamiento (2012).

¿George Steiner?

Exactamente, sí. ¿Pues dices que estudiaste filosofía? Ah, entonces, ¿qué vamos a hacer? Porque el hacedor, es decir, el escritor, cuando está escribiendo poesía no sabe lo que va a ocurrir. Está escribiendo desde el afán de trascender lo que es el lugar común del lenguaje. Pero en esa empresa, de pronto, aparece el hallazgo una figura, una imagen. En la preceptiva les llaman figuras, imágenes, símbolos. Y hay un montón de nombres en la preceptiva para identificar los hallazgos de forma y los hallazgos de fondo. Una vez estaba yo leyendo a Rocío. Se me levantaron los pelos cuando leí la imagen —es el único poema que me sé de ella— de Amoroso vacío (2022). “Tu beso conmovió mi espíritu como la hoja que cae sobre el agua inmóvil”. Me sobrecogió. ¿Cómo esta niña escribe eso? ¿Por qué? A mí me sobresaltó. Me sorprendió. Me asombró.

En una ocasión con Fernando Pérez Valdés, usted dijo que comenzó a escribir alrededor de 1970, en Guadalajara, por una necesidad de expresar las luchas sociales. ¿De alguna manera se siente ligado al pasado de la poesía social?

Sí, lo que sucede es que yo desde tiempos estudiantiles era simpatizante de las organizaciones comunistas. Yo soy de Jalisco, yo vivía en Guadalajara. Me afilié al Frente Estudiantil Revolucionario, primero, y luego a la Liga Comunista 23 de Septiembre. Fui militante de la Liga. En un operativo de distribución de propaganda nos agarró la policía. Mataron al jefe de la Brigada porque le hizo frente para defendernos a los otros dos, el otro corrió herido, se escapó; al más atarantado de los 3 lo detuvieron, o sea, a mí. Eso fue en mayo de 1974. Estando yo ahí en la cárcel, un día en la noche como que sentí, como que escuché que alguien tocó a mi puerta. Pero era una celda, no un hotel, no tenía una puerta. Estaban llamando acá adentro y, sin pensarlo, me puse a escribir. Fue cuando descubrí la convocatoria —cada quien tiene un registro de la convocatoria para escribir—. La mía fue esa. El texto que salió es malo. Lo más importante fue que salió. Por ahí no sé dónde guardo, conservo el original manuscrito, nomás para que me conste que fue el primero. Pero insisto en que no hubo asombro, hubo llamado.

Actualmente, ¿sigue considerando a la poesía como vehículo de ciertas revoluciones o utopías?

Es que me niego a creer en que se terminó la etapa de la poesía y estamos en otra. No, lo que pasa es que se van modificando sus formas de aparecer. La poesía sigue teniendo importancia y peso en la búsqueda del asombro. Pero son los poetas jóvenes, los nuevos poetas, los que tienen que buscar esas formas. Yo seguía mucho a los jóvenes poetas, pero de 6 años para acá que me pasó esto, ya los he dejado muy a mi pesar. Sigo escribiendo, cada vez menos, y para mí porque ya no confío en mi imaginación. Estoy afectado por mis lagunas mentales.

¿En algún momento escribió a máquina o cómo le gustaba escribir más?

Sí, a máquina. En los años setentas yo escribía en una Lettera 22. Después, cuando nos alcanzó la computación, me subí también a la tecnología —aunque me rebasó.

¿Cómo han cambiado sus rituales de escritura? Es decir, pensando si tenía un horario de escritura, si se ponía determinadas metas de escritura, si lo hacía los fines de semana. ¿Cómo le gustaba escribir a usted?

Yo soy principalmente un lector. Me acostumbré a leer el periódico desde los 13 años de edad. Leo constantemente el periódico. La lectura del periódico me llenaba de figuraciones y me ponía a proyectarlas, a traducirlas. Yo escribía manuscrito, o sea, el texto original siempre fue manuscrito. Y luego lo pasaba en limpio en la máquina de escribir. Ahora no puedo escribir manuscrito. Está muy torpe mi mano. Pero un ritual así particular de escritura, no, no tenía un momento determinado para escribir. Me ganaba la necesidad. Pasaban días o semanas sin escribir y luego me ponía a hacerlo. Así eran las cosas.

Sabemos que además de poeta, usted fue profesor normalista durante más de 3 décadas. ¿Qué relación tiene su quehacer poético con su labor docente? ¿Cómo los relacionó?

Hice la Normal Básica entre 1969 a 1973. Cuatro años. Profesor de enseñanza primaria. Luego, pues el capítulo ese de la cárcel. Pasé 6 meses en la cárcel y al salir entré a la Normal Superior y estudié Lengua y Literatura. Precisamente porque descubrí esta necesidad de escribir —particularmente poesía—, pero yo no sabía que la poesía también tiene su preceptiva, su técnica, su forma de organizar el lenguaje. Entré a la Normal Superior, de 1975 a 1979 hice la carrera de profesor Normalista de Enseñanza Media Superior, de enseñanza secundaria. Y eso coincidió con que, en tiempos del presidente López Portillo, se creó la Universidad Pedagógica Nacional. Yo era profesor de primaria, hice un concurso de oposición para entrar en la Universidad Pedagógica como profesor.

¿Estando en Guadalajara…?

Estando allá en Guadalajara, sí. Lo gané. Me salí de la primaria y me dediqué íntegramente a la Universidad Pedagógica. Eso me ayudó a elevar el nivel del discurso docente, y también de mi lenguaje. Trabajé en la Universidad Pedagógica 44 años. Y es en ese lapso, en esa etapa, donde aparece mi obra poética, que empieza con Paterna vía. Lo escribí en Guadalajara, pero ya estando aquí en Querétaro, en 1987, José Luis de la Vega era un padre de familia que iba por sus hijos, y yo iba por mis hijas, y ahí nos conocimos. Éramos padres de familia de la escuela. De ahí nos vemos al café, empezamos a platicar y nos identificamos. ¿Cuándo me traes algo para publicarte?, dijo. Y le llevé Paterna vía.

De hecho, en el mes de agosto se cumplen 35 años de la publicación de Paterna vía en “El ruido de las letras”, la página literaria que tenía el diario Noticias, si no estoy mal informado.

Exactamente, en una fecha del 87. ¿Tienes la fecha en que apareció en “El ruido de las letras”?

Usted lo mencionó en una entrevista y por eso lo traigo a colación. Pero sí, Paterna vía, cumple 35 años. Después de su aparición en el periódico, salió con la excelente editorial de la española Nuria Boldó. ¿Qué representa para usted este poemario en el conjunto de su obra poética?

Es un vacío. Mi padre y mi madre se separaron, fueron una familia disfuncional, nunca se casaron. No se los permitieron. Mi madre era pobre. Mi padre era hijo de hacendado, era de la burguesía rural […] Paterna vía es el vacío, es un reclamo. El hijo le reclama al padre el abandono. Pero es una contradicción porque dice allí en una parte: “Te odio desde aquí viejo verdugo, / con todo el amor que tu memoria me despierta.” Es una pugna constante de la necesidad del amor paterno frente al vacío. Es algo que nunca se supera porque viene en la sangre, viene desde el nacimiento, pero desde la inteligencia y el sentido común eso se trasciende, ya no pasa nada.

¿Y raíz de qué surgió este “ajuste de cuentas”, por así llamarlo? ¿Usted transitaba por alguna situación vital que lo presentó a ese reclamo?

Saliendo de la cárcel, en 1974, les dije a mis amigos —que eran tres o cuatro de la Normal—, voy a ir El Limón, allá en mi pueblo. Voy a ir a visitar a mi padre. Quiero que me acompañen. ¡Vamos! Y yo fui a verlo por la necesidad que descubrí estando encerrado, la necesidad de verlo, de hablar con él. Pero por una necesidad mía, no de él… Él me decepcionó como persona, como hombre, como padre. Se lo dije: No te preocupes, no vengo a pedirte nada. Vine a verte por una necesidad mía. Ya olvídate. Era menor. Nunca ni siquiera un abrazo, hazme el favor, un pinche abrazo, ¡nunca! Fui, lo vi, platiqué con el abuelo, y les dije a mis amigos: Vámonos a la chingada. No tenemos nada que hacer… Ahí está todo en el libro, pero sedimentado con el lenguaje poético. La pugna amor/odio ahí está. Por cierto, cuando se murió hace como 5 o 6 años, no sentí nada.

Nunca tuvo afecto.

No. El profundo dolor, la profunda contradicción está escrita ya en paz. Ya estoy en paz, tranquilo, ya no pasa nada. A muchos les sucede eso de que el padre no los reconoce o viven en familias separadas: no se mueren, viven, ahí andan.

Es un tema muy delicado, pero es bien importante observar que, de los poetas que conozco, usted es el único —salvo otros que pudiera conocer— que ha tocado esa relación de paternidad de hijo a padre, porque hay también de padre a hijo y son dos tipos de relaciones.

Yo no conozco en la literatura mexicana ese tema. Lo conozco con el tratamiento amoroso. Jaime Sabines escribe Algo sobre la muerte del mayor Sabines (1973) pero es amor. “Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas, / por eso es que este hachazo nos sacude.” Ese es Jaime Sabines amoroso. No hay ningún reclamo, al contrario, es elevación. Pero con ese tono yo no conozco en la literatura. Y me lo dijo el Gordo (que en paz descanse), el doctor en letras, Luis Alberto Arellano. Le hizo una reseña donde dice que no hay en la literatura mexicana un caso similar, no existe. Porque es profundamente doloroso, es una forma de sacarse la espina.

Ahora, con toda la distancia que hay de este poema y el hecho de tener familia e hijas, ¿cómo relee con el paso de los años Paterna vía?

No, nunca lo he leído en público. Porque es algo muy íntimo. Ya tengo 72 años y como que me duele.

Es que son cosas muy delicadas las relaciones entre la familia.

Cuando lo presenté con la señora catalana, me dijo: “Te quiero desde que leí tu poemario”. Primero se publicó en el 87 en “El ruido de las letras”, un periódico. Nadie guarda esas cosas. Yo guardo un ejemplar, pero no sé en qué parte, por ahí anda… No cupo en las dos planas, dice sigue a la página no sé qué, hay que buscarle el otro pedacito. Feo.

Además, es difícil conseguir.

Sí. Cuando la señora catalana Nuria Boldó lo leyó y me declaró su amor por el poemario, dice: Dámelo para publicarlo, yo te lo edito. ¿De veras? Sí. La mujer de su hijo, que todavía ahí anda, Jordi Boldó, tuvo una mujer que era chilena, Carmen Cardemil. Le dijo Nuria a Carmen: Oye, Carmen, hazle una viñeta para la portada. Pues a ver qué sale, dijo. Y salió ese corazón de la portada. Carmen Cardemil era la esposa de su hijo Jordi. Después se separaron. Él se volvió a juntar con Esmeralda Torres, una exalumna de la Universidad, también pintora.

En Paterna vía, ¿por qué Elia y Rosario aparecen en la dedicatoria?

Elia es mi hermana y todavía vive. Elia también tiene el chingadazo del abandono. Es mayor que yo, vive en Guadalajara. Y Rosario —asómense a la foto—, esa es mi madre. Ella es Rosario Sandoval. También tengo la foto de mi padre. Pero esa anda por allá escondida. Era guapo, muy guapo mi padre. La dedicatoria, pues, era para ellas. Somos las personas del drama, Rosario y Elia. Hasta entonces el poemario es de 1994. Yo lo considero la primera edición, aunque la primera edición es la del periódico Noticias. Platico esto porque hay que darle crédito a la primera edición. Le gustó mucho a José Luis de la Vega y Blas Terán. Es que no se parece a ninguno.

Aquí en Querétaro sobre la temática de la paternidad yo me he encontrado el de un joven poeta, Samuel Lagunas, tiene un libro que se llama A veces un ma/pa es una casa (2020), dedicado a su hija. O el libro de Salvador Alcocer que se llama Kiria Shulamith (1998), que lo dedica a su hija. También Miguel Aguilar Carrillo le dedicó Elegías por la sangre derramada (2011) al hijo asesinato del poeta Javier Sicilia. Son los únicos. Ahora, quería tocar otro tema ya después de Paterna vía. Alguien ha señalado que su poesía tiene ciertas resonancias de Gonzalo Rojas.

Sí, es que primero porque soy un lector asiduo del poeta tartamudo, el chileno Gonzalo Rojas. Amo a ese poeta chileno. Lo amo. Son cuatro poetas los que admiro profundamente. No por orden de edades sino como aparecen aquí: Gonzalo Rojas, chileno, Eliseo Diego, creo que es cubano, y luego Vicente Aleixandre, un español. No me acuerdo del otro… Ecos, resonancias, decías, aunque son posteriores a Paterna vía, porque Paterna vía es de los años setentas. Lo empecé a escribir en el 76, lo terminé en el 82. ¿Por qué en el transcurso de 7 años? No lo sé. Yo escribía y lo dejaba, yo escribía y lo dejaba. Cuando sentí que ya no había mucho qué decir, le corté en el 82. Y en el 82 yo estaba casado y tuve dos hijas, Rocío e Irene. Irene nació en 1982 y aparece allí un texto: “Qué les voy a decir a Irene y a Rocío cuando pregunten por su abuelo, eh.” Le estoy reclamando a mi padre… En el 82 pasé en limpio todo lo que tenía sobre ese tema, era mucho texto, era más que el que está reunido aquí. Pero había reiteraciones, repeticiones, había fragmentos francamente malos. Los cercené. El manuscrito lo pasé en limpio. Hice una selección. Y la selección es el poemario ya resuelto.

¿Nos podría hablar ahora de las características personales de un poeta?

Los poetas son personas hombres o mujeres, para empezar, profundamente sensibles. Pero eso no dice mucho porque desde un punto de vista humano todos los humanos son sensibles. Pero los poetas pueden platicar con el día: Hola, lunes, ¿cómo amaneciste? ¿Cómo te va? Son personas cuyo pensamiento e imaginación transita desde el objetivo real crudo hacia lo subjetivo de manera constante, de manera permanente. Conservan todas las diferencias individuales, digamos, que no son nada extraordinarios. Incluso hay poetas que nunca escriben.

¿Cómo es eso posible?

Sí, no sintieron a la escritura como una necesidad. Todo se queda acá en el interior, cantan, lloran, a lo mejor dibujan, a lo mejor tocan un instrumento. Buscan una vía para salir. Son poetas que no escriben.

Pensando en su trayectoria, me queda muy claro que usted ha vivido muchísimos acontecimientos importantes en Querétaro, desde que arribó y empezó a hacer amistad en los años 80 hasta la actualidad. Hablo de la creación de instituciones como el Centro Queretano de Escritores, la Escuela de Escritores de Querétaro, SOGEM, el Seminario de Creación Literaria con Luis Alberto; también de revistas, autores y por supuesto de la pérdida dolorosa de muchos de sus amigos. Es una historia muy larga. ¿Cómo resumiría usted el panorama literario de Querétaro de los últimos 40 años?

Yo diría que es la etapa más rica, más abundante de la literatura en Querétaro. Entre Francisco Cervantes —que fue mi amigo y le escribí un poema—, Salvador Alcocer y hasta el gordo Arellano esta etapa ha sido buena.

Luis Enrique Gutiérrez Monasterio (QEPD), ¿fue su amigo?

Sí, fue mi amigo. Falleció el 23 de mayo de 2022.

Entonces, ¿usted considera que estos últimos 40 años han sido muy importantes en toda la historia de la literatura en Querétaro?

Así es.

En alguna entrevista le escuché decir que hay una “tradición viva” de la literatura en Querétaro. Pero se confronta con la posición y la tesis de Rodolfo Campos Paulín, quien considera que no hay ninguna tradición literaria en Querétaro. Sería interesante considerar cuáles son los argumentos de cada uno. A mí me queda en claro sus argumentos, porque usted dice: hay obras, hay autores, hay producción, esto es tradición.

Independientemente de otra tesis, llamamos tradición a esa línea continua de eventos, personas, ediciones, revistas. Lo que pasa es que la historia de la literatura en Querétaro no está escrita. La historia es la parte final del fenómeno literario. Hay muchas fuentes, está “El ruido de las letras”, están las reseñas. El deber le corresponde a la Universidad Autónoma [de Querétaro], a los estudiantes de literatura, a los tesistas. Dirán: Es mucho 40 años, es muchísimo tiempo. Pero puedes decir, yo voy a hacer de la etapa 50, 60, 70, 80. Ahí metes a Cervantes; metes a Salvador Alcocer, etcétera […] No está escrita la historia. Es una chamba pendiente.

Recuerdo una entrevista que le hizo hace unos meses Cheli Oh. Usted exhortaba a los estudiantes de la Facultad de Lenguas y Letras (UAQ) a estudiar a los autores locales, a investigarlos, y también a conocerlos y valorarlos.

Sí, en la radio. Eso dije.

¿Y a qué se deberá que no exista tanto interés por parte de muchos estudiantes en estudiar la obra de autores tan importantes como Cervantes, Hugo Gutiérrez o Ignacio Padilla? ¿Habrá alguna causa sobre este particular? ¿Depende de sus maestros que no les fomentan leer, de sus amistades o que ya no hay talleres literarios como antes?

Se necesita el juicio de la valoración, primero. Pero los estudiantes llegan atarantados, lentos. De José Dolores Frías, poeta queretano, hijo de Valentín Frías, es el último poemario que publiqué. ¿Lo tienes? El de El sitio de Valentín (2019). Como ya me iba a salir de la UPN presenté un proyecto de año sabático —para vivir a expensas de la universidad un año más—. Me lo aprobaron, pero me pusieron la condición de que le añadiera un apartado sobre “orientaciones didácticas para una mejor comprensión del poemario”. Eso ningún poemario lo tiene. Imagínate que todos los poemarios tuvieran como apéndice “Como eres un atarantado te vamos a decir cómo leer”. Eso es una ofensa pública como lector. Por eso, la primera orientación es: ningún poemario requiere de orientaciones para que sea comprendido.

¿Quiénes han sido los críticos o los poetas locales que han participado en su formación como poeta?

Es que yo ya venía con la formación de base. Cuando llegué aquí a esta ciudad, el 4 de febrero de 1984, ya traía las bases de la Normal Superior, de mis maestros. Hay un poeta jalisciense que se llamó Adalberto Navarro.

¿También fue normalista?

No, él fue universitario, Adalberto Navarro Sánchez. Fue mi maestro en la Normal Superior. Yo tuve influencia de este poeta, de los jaliscienses, pero de los queretanos, no me reconozco en ninguno.

Desde su perspectiva, ¿cuál fue el papel que jugó la generación, que yo llamo de los “Crótalos”, donde estuvo Luis Alberto Arellano, Luis Enrique Gutiérrez Monasterio y Román Luján, en la literatura contemporánea de Querétaro?

Es que eran cabrones. Eran provocadores. En el contexto de su tiempo, Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, Román Luján y el gordo Arellano, esos 3 principalmente, fue lo que podríamos llamar “la generación de los Crótalos”: provocadores, púgiles, críticos duros, ácidos.

También hicieron su editorial y su revista: Sangremal y Crótalo.

Luis Enrique Gutiérrez y el gordo Arellano me publicaron un poemario, Nuria, dedicado a la catalana. Pero fue una edición de 30 ejemplares. Hazme el favor. Ediciones de 30 ejemplares no funcionan… Fue una edición artesanal en papel. Lo presenté en San Luis Potosí, y me quedé con mi ejemplar. Se supone que fueron 100. Los otros 70 Luis Enrique, LEGOM, le dijo al gordo: Toma, ahí están los demás. Tú los encuadernas. Algo así. Y el gordo, me los dio así sin encuadernar: Toma. ¿Cómo ves? Pues no vale. Y yo le di el poemario a Francisco Cervantes y apareció en una edición. ¿Cómo se llama…? Que salió como muestra de poesía en una antología, empezando con Cervantes y terminando con Gutiérrez Vega…

¿La Última concentración lírica (2002)?

Exactamente, en la Última concentración lírica, ahí está publicado. Se lo di porque yo no lo di por publicado.

En Querétaro muy pocos escritores tienen presencia en la web 2.0., pero usted es una excepción. ¿Qué originó el lanzamiento de la página web Desde el asombro (link)? ¿Qué circunstancias lo motivaron a poner a disposición del público en la web su poesía y sus ensayos?

Es que siempre ha sido un problema en las ciudades la difusión. Cuando aparece la tecnología ésta [del internet] y me entero que esta mujer. ¿Cómo se llama esta chava…? Se llama Samantha, la mujer de José Manuel Velázquez, es profesional del diseño tipográfico. Y ella me lo propuso: Hola profe, ¿por qué no le diseñamos un sitio web para que difunda ahí su material? Cuánto me cuesta. Le cuesta tanto. Órale, pues. Y ella diseñó, organizó, hizo todo y no solamente hizo todo, ella lo tiene. Lo que pasa es que yo ya no pude pagarle y ya lo retiró.

Entonces por eso dejó de estar disponible.

Sí. Hemos quedado en reeditarlo, pero por una razón u otra no se ha podido. Tiene muchas ventajas un sitio web, estás abierto al mundo. Ahí está toda tu obra. Le voy a decir a Samantha que lo subamos otra vez.

En su experiencia como tallerista de iniciación literaria, ¿cuáles son los vicios y virtudes de los talleres literarios?

Empecemos por las virtudes. Una virtud es que se trata de un espacio formal para la creación y la difusión literaria. Por espacio formal traducimos hacer literatura en serio. Yo así conocí a Rocío. Teníamos un espacio el gordo Arellano, José Manuel Velázquez, Raúl y otros dos profesores […] Defectos. Curiosamente se desprenden de la misma formalidad de su creación. Es decir, el mayor defecto de los talleres literarios es precisamente su formalidad: tales días, tales horarios, tales personas reunirse para eso. Porque el arte no cabe en un cajón. […] Hay una tendencia de los estudiantes a imitar, a copiar, y eso es evitable porque se supone que quien dirige a un taller tiene la experiencia para hacerlo.

¿Y usted les advierte estos vicios y virtudes a los alumnos que toman sus talleres?

Sí. Además, cuando se trata de conceptos, llevarse la idea de que todo lo que se dice ahí es relativo. Porque depende de la experiencia de quien lo dice. Pero, puestos en una balanza, son más los beneficios de los talleres que las contradicciones, porque obtienen la apertura hasta de los espacios formales para que la literatura sea, ocurra. Y generalmente, quienes se encargan de hacer esto son las instituciones encargadas del fomento de la cultura, como las universidades, tienen como finalidad difundir la literatura, promover la cultura. Si se hacen ediciones de 100 ejemplares, eso ya no es asunto de las universidades, es cuestión de fondos; si no hay fondos suficientes, no hay tiraje.

Hay otra cuestión que se relaciona con la anterior, ¿usted cree que hay vocación para ser escritor?

Sí hay. El problema principal es que quien tiene esa vocación la descubra. No es fácil. Yo nunca sentí vocación para ser astronauta, nunca me dio por ir a la luna. Descubrí la vocación cuando estuve encerrado ahí, y una fuerza íntima, profunda me impulsó a escribir. Es un gesto íntimo. También a las universidades les corresponde descubrir las vocaciones. Es un asunto dialéctico: a la universidad le corresponde promover la cultura a través de eventos culturales, presentaciones de libros, lecturas, entrevistas, charlas con escritores, con profesionales. Cuando hay 2 o 3 profesionales de la literatura en una charla abierta pública, y hay un público que está muy recipiente escuchando la plática, es muy posible que las opiniones de los escritores impacten a una persona que está allí en el público. Puede ser un chavo alerta, inteligente, despierto; puede ser una chava inteligente que sienta que le gusta, que le atraiga. Hay que promover eso.

Lo que hace Rocío está muy bien. Eso que hace ahí en el café [el Desvelo]: juntarse, hablar de libros, llevar escritores, escritoras, eso poquito es mucho. Está bien. Debes pedirle a la Secretaría de Cultura que apoye el proyecto: cafés literarios, reuniones literarias, algo, ponerle un nombre cualquiera; con objetivos, con propósitos para llenar los requisitos. Porque con frecuencia la Secretaría de Cultura no tiene proyectos para justificar el dinero que va a gastar. No se les ocurre. La gente que está allí cobrando la quincena generalmente no sabe qué están haciendo ahí. “Charlas de café. Un proyecto cultural para la promoción de la cultura literaria”. Punto, ahí está el proyecto. Cada semana los viernes a las 8 de la noche. Se arma una agenda. Hay que hacerlo porque los viejos ya estamos viejos, ya vamos de salida. Un día que me hablen, mi esposa les va a decir: No, pues ya se murió. Ay, queríamos que nos ayudará.

Por eso, vine a entrevistarlo cuando está vivo (Risas).

Bueno, eso está bien.

Ahora quería saltar al libro de La iguana (2000). Para escribir este poemario, ¿cómo fue su proceso de escritura? Me interesa saber cómo le hizo para enfrentar las dificultades y riesgos de la literatura erótica.

Escribo los temas, me conducen de un lado a otro. Con mi segunda esposa, Cristina, en 1994 pusimos fecha para casarnos. Fíjate, para responder a tu pregunta, voy a tocar el contexto. Nuria, yo estaba en La pajarita de papel, en la librería de la catalana, se querían mucho Cristina y Nuria. Fíjate, Nuria, le dije un día, que pienso hacerle un regalo especial a Cristina. ¿Qué tan especial?, me dice. Le dije, quiero regalarle un poemario. Porque con un millón de pesos puede uno comprar muchos regalos, pero no puedes comprar un poemario que es el tuyo, eso no. Lo tienes que escribir. ¿Ya escribiste los que le piensas dar? Le dije, ya los tengo ahí, pero no he hecho la selección, no sé cómo ves. Ella me dijo: De todo lo que tienes escrito, elige los que creas que van más directamente hacia ella. Elige 10 y con 10 poemas te editó un poemario. ¿10 poemas? Sí, con 10.

Es decir, la poesía erótica, para llegar al más profundo de los sustratos no tienes que inventarla, sino que la tienes que vivir. La poesía erótica, amorosa, tiene que ser íntima, tuya. Poesía que inventas, poesía que no sirve […] Había en algunos pueblos, por allá a principios del siglo pasado, escritores públicos que escribían poemas de amor y los vendían. Llegaba un día por ahí uno: Fíjese que tengo una muchacha que me gusta mucho, todavía no es mi novia, pero va para allá. Quiero un poema de amor para conquistarla. Oh, verás, ahorita mismo. “Del cielo cayó un pañuelo bordado de mil colores. / Ay, chinita de mis amores cuánto te quiero”. Son $50. Eso no sirve…

No sólo los poemas de amor, los poemas, en general, tienen que ser vivos, tienen que nacer de situaciones vivas, de situaciones reales. Si tú inventas el poema, maldito poema, ese no sirve. Oye, pero yo lo veo que está muy bien escrito. Pues sí estará muy bien escrito, pero no nace del polvo. ¿Por qué Paterna vía es vida? Porque es contradicción. Prefiero un poema con deficiencias formales, pero real, a un poema excelente sin vida. Entonces, ese poemario que me publicó Nuria es una edición de autor. Es el único poemario que tengo de edición de autor. Es decir, que el autor del poemario paga la edición con su dinero. No se publica, no es público, porque es íntimo, es personal. Y el día de la boda, en un paquetito 100 ejemplares, era para que ella lo obsequiara a sus invitados. Alba nuestra de cada día (1994), así se titula el poemario. Nunca trascendió, nunca fue para el público.  Se los voy a mostrar porque son tan incrédulos que van a decir, nos está choreando […] Son entre amorosos y eróticos, pero tienen un destinatario, tienen un origen. No son poemas inventados.

Está cuidadísima la edición.

La edición es de Nuria. Me dijo: Yo me encargo de eso, tú no te preocupes. Trabajábamos todos los días. Un día, revisábamos la tipografía. A ver, ¿qué tipo de letras es la que te gusta? ¿Tú cuál me recomiendas? No, pues yo te recomiendo esta, por esta razón, mira. Muy bien. Papel, ¿qué papel te gusta? Pues este. Tenía un muestrario de papel, y lo abría. A ver, ¿qué tipo de papel quieres? Quiero este. Muy bien, con ese tipo de letra, ese tipo de papel, ese tono. Todo estaba preparado, todos los detalles.

Es todo un oficio lo que hacía Nuria Boldó. Las viñetas en cada página son diferentes. Además, las letras capitales en verde. Esta tipografía también a mí me encanta, es la Garamond, preciosa… Regresando a su libro La iguana, ¿qué vino después?

El erotismo tiene que haber surgido de la experiencia. Si tú no has hecho sexo oral, ¿cómo vas a escribir un poema de oralidad sexual? No se puede, a ver invéntalo. La sexualidad es un universo muy amplio. El contacto de dos —sean hombres o sean mujeres, o sean uno y uno, etcétera— es muy vasta, muy compleja, muy profunda. Ese de La Iguana habla de diferentes facetas, diferentes experiencias del acto amoroso, del acto erótico, del acto sexual, sin prejuicios. No se debe decir: Eso está muy lujurioso. Oye, pero ¿cómo te pones a escribir esto…? Lo que estás insinuando ahí, pero ¿cómo te atreves…? Yo te diría, cierra el libro, no lo leas porque no es para ti. El tamaño de la imagen erótica no cabe en tus orejitas así chiquitas. No cabe. Y si no cabe en tu experiencia, te recomiendo que no leas poesía erótica. Hay un poeta mexicano, Efrén Rebolledo, que escribió Caro victrix (1916), puros sonetos eróticos. ¡A qué cosa tan hermosa!

¿Ha escrito sonetos usted?

Sí, más por el ejercicio que por escribir poesía. Las formas tradicionales ocupan un espacio muy importante en la historia de las letras. Ahora no rimamos ni hacemos liras, ni romances, porque las formas tradicionales fueron rebasadas. Ahora se escribe de otra manera… A veces las rimas son un defecto en el texto. Entonces hay que evitarlas, rehuirlas.

Como decía Huidobro, adjetivo que no da vida, mata.

Eso.

Desde hace muchos años que vi la página web Desde el asombro me llamaron la atención sus escritos sobre literatura queretana. ¿A qué se debió su interés por documentar la literatura local?

Precisamente al vacío que predomina en ahí ese terreno. Cuando uno es escritor no es consciente de que está haciendo cultura. Tú tienes que abrir un expediente para escribir la historia de tu chamba literaria y de tu quehacer literario. Y nada de que: Estoy esperando que llegue un Ramsés del futuro para que me entreviste. No debes esperar eso. Ponte a hacerlo tú. Curiosamente, hay algo que nunca ha existido: los diarios literarios. Un poeta, un narrador que escriba su diario de todo lo que va haciendo en el transcurso de su vida literaria, tiene un enorme valor, pero requiere trabajo y nadie te lo paga.

¿Usted tiene diarios de su vida como escritor?

No. Me arrepiento de ello. Tengo un montón de evidencias por todos lados. Nada más, mira esos documentos. Tengo un montón de ensayos y muchos están inéditos.

¿Sobre qué son sus ensayos?

Unos son de pedagogía (académicos), pero también hay de literatura, de poesía.

Andrés Garrido del Toral —conocido cronista— tuvo el ideal de ver creada una biblioteca queretana con todas las obras publicadas por escritores y por autores de lo que yo llamaría la “flora local”. A su juicio, ¿por qué es pertinente difundir el quehacer literario del Estado?

Porque la cultura es una suma de valores. Le corresponde a la gente sensible, al Estado, a los escritores estar promoviéndola de manera permanente. En verdad me da envidia […] Mira este libro, Poesía viva de Jalisco (2004). Me mueve.

¿Ahí participó usted?

Me dio envidia cuando lo vi porque yo quisiera “Poesía viva de Querétaro”. Es que los editores son mis amigos. Danos el material que quieres que te publiquemos, Arturo. Y yo les dije: Pues sí, está bien que sea de Jalisco, gracias, pero yo ya vivo en Querétaro, y he aparecido en algunas antologías de poetas queretanos. Ellos me dijeron: No nos importa que hayas aparecido allá, nosotros queremos que aparezcas en la Poesía viva de Jalisco. Mira nomas qué pesado animal, hijo de su madre, son más de 1000 páginas o no sé cuántas.

Pero sí le dieron difusión.

Ándale, sí me publicaron. Esto es cultura… Lo publicó la Universidad de Guadalajara y un año antes, otro editor de Guadalajara publicó un libro de poesía de Jalisco. Allá está el problema de que hay tantos editores.

Es otra vida cultural.

Es otra vida.

Sería una buena iniciativa para replicar en Querétaro.

En la otra antología de Jalisco también aparezco. Qué curioso que aparezco más en antologías de Jalisco que en las de Querétaro. Aquí vivo desde hace cerca de 40 años y todavía mis amigos me recuerdan.

Pero acuérdese lo que decía Hugo Gutiérrez Vega: uno no nace para maceta…

Y Gutiérrez Vega era un poeta de Jalisco, que hasta vino a dirigir la UAQ. Hazme el favor.

Así está llena de contradicciones la historia de Querétaro.

Necesitamos personas, así como tú Ramses, preocupadas por el quehacer literario, para montar y diseñar proyectos de difusión.

Pero en Querétaro no abunda la crítica literaria.

No, no abunda.

¿Podría comentar algo sobre el futuro de la poesía?

La poesía está condenada a seguir existiendo. Va a seguir existiendo la poesía con nuevos formatos, con nuevos temas. Cuando las mujeres se liberen de los prejuicios culturales que las han tenido así —y lo están logrando—, imagínate la poesía erótica que van a escribir desde la mujer. Porque cuando habla uno de poesía erótica o amorosa, generalmente, habla uno de los hombres. Ellas han tenido su imaginario prisionero, aprehendido. El día que se descubra, el día que se pinten el pelo y el día que se liberen, órale. Mis respetos.

¿Usted aspira a ser leído por las jóvenes generaciones?

Sí, en el sentido de que las nuevas generaciones encontraran ecos y referencias cercanas a sus vidas.

En un encuentro que usted tuvo con Margarita Ladrón de Guevara, mencionó que la sociedad y el gobierno de Querétaro no han cuidado los poetas de la ciudad. Si usted pudiera cambiar algo en la política cultural del Estado, ¿qué sería?

Abrir las convocatorias públicas para narradores, poetas, hombres y mujeres, jóvenes para que presenten proyectos de escritura, pero no sujetos a concurso. Pues abren una convocatoria, participan 20, 30, 50 y a uno le dan el premio. Se siente feo que uno pierda. Debe haber más promoción, pero no hasta la Universidad, más promoción desde la primaria. Ya a los 7 años de edad aprendiste a leer. Hay que promover la poesía infantil. Entonces, promoción, animación, difusión, apoyo.

¿Y los escritores no tendrán alguna obligación a ese respecto?

La de su propio ejercicio. El arte es una actividad para lo cual se requiere el ejercicio de la libertad. Tú, como escritor, como pintor, como músico, como artista, ¿qué necesitas en primer lugar? Libertad. No me digas qué decir, qué hacer, cómo hacer; ese es asunto del artista. Apóyame y si me apoyas, aparece la palabra obligación; si tú me apoyas, yo sentiré la obligación, el deber de cumplir.

Maestro, en la vejez en la que se encuentra, ¿qué es lo que más extraña de su juventud?

La salud… Me descuidé. Me declaro responsable de mi salud.

Para cerrar, le propongo un juego de asociación libre. Le voy a decir una serie de palabras, y usted me va responder con una palabra nada más.

ASOMBRO: Poesía.

DESEO: Noche.

CAFÉ: Salud.

PATERNIDAD: Responsabilidad.

MEMORIA: Vida.

LIBRO: Cultura.

DOCENCIA: Carta.

ESCRITURA: Trabajo.

QUERÉTARO: Ciudad.

VIDA: Sangre.

AMOR: Odio.

CUERPO: Carne.

Muchísimas gracias.

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