Posada, la catrina y el reflejo de la sociedad mexicana.

José Guadalupe Posada

El folclore de México en la época porfiriana.

“Hace cien años, en un modesto féretro, yacía un personaje conocido como don Lupe, cuya muerte pareció no importar. Salió de unas de las tantas vecindades marginales de Tepito, en la Ciudad de México. Posada fue enterrado en la zona de sexta clase, la única gratuita del Panteón de Dolores.”

Agustín Sánchez

 

José Guadalupe Posada nació el 2 de febrero de 1852, en Aguascalientes. Desde pequeño mostró talento para el dibujo.  A sus dieciséis años pudo ingrsar al taller de Trinidad Pedroso.  Respetado maestro, de Pedroso aprendió los secretos del arte litográfico. Desde entonces trabajó en diferentes talleres de grabado, para diferentes periódicos de la época. La Casera, El Chile Piquín, El Diablito Rojo, Don Cucafato, El Malcriado, El Paladín, Ave Negra y La Guacamaya son algunos de ellos. También trabajó para revistas como El Jicote, tanto de su natal Aguascalientes como en la Ciudad de México. Murió en la pobreza un 20 de enero de 1913. Fue enterrado en la fosa común del panteón Dolores.

Posada y La Catrina

De toda la obra de Posada, el trabajo más representativo es, sin duda, la calavera conocida como “La Catrina”, originalmente llamada “La Calavera Garbancera”. Este grabado se burlaba de las mujeres indígenas que aspiraban a ser como las damas españolas de clase alta. Diego Rivera la inmortalizó  en el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1946). Según el historiador Agustín Sánchez, los grabados esqueléticos de Posada representan apenas el 3% de una vasta producción. Sánchez cree que su trabajo artístico alcanza las 20 mil obras. Parte se su obra se encuentra en el Museo de Posada en Aguascalientes.

Sus grabados pueden verse en superficies de la época porfiriana y revolucionaria como periódicos, cajetillas de cerillos, y carteles taurinos, entre otros. Posada inmortalizó la manera de vivir de la gente del pueblo, representando sus costumbres y tradiciones. También se mofó de la clase alta, se su estilo de vida y de los políticos.

Agustín Sánchez, lamentó que no exista todavía —de parte de ninguna institución cultural del país— un estudio serio de la vida del caricaturista. Lamenta que no se ha lleve a cabo la preservación de su obra con verdadera profesionalidad, a México todavía le falta Posada.

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