Murió mi eternidad y estoy velándola - MilMesetas

MAYO DEL 48

Si me olvidare de ti, Jerusalén,
que me falle la diestra,
que mi lengua se pegue a mi paladar
si de ti no me acordare.
Salmo 137

Abandonarían las murallas luego de 30 años de reinado.
Asirios, babilonios, persas, romanos, árabes y turcos también partieron.
Ahora los militares británicos se disponían a abandonar la ciudad.
Los viejos masoretas, encorvados y pálidos por una vida dedicada al estudio,
contemplaban desde lejos el desfile.
Pareciera que hubieran estado ahí mismo desde hace trescientos años
mirando cómo su ciudad quedaba en ruinas.

El último pelotón llegó al final de la calzada principal,
dobló a la derecha hasta el número 3 de la calle Mitz y tocó con fuerza.
Absorto en su estudio, el rabino Abinoam medita sus libros sagrados.
Se levanta, toma su levita y se dirige a la puerta.
En la entrada, el oficial del British Regiment
lo esperaba para entregarle la llave de la puerta de Sión.
Al verla, el maestro recordó que en el año 70,
cuando el emperador Tito destruyó el templo de la ciudad,
los levitas lanzaron las llaves de Jerusalén al cielo, gritando:
“¡Que Dios sea el guardián de estas llaves!”
—Es la primera vez en diecinueve siglos
que alguien de mi pueblo tiene en su poder esta llave

Maximiliano Cid del Prado (1994, CDMX). Estudió la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en
la UNAM; ganador de los IX Premios Deza de Poesía en Toledo, España, finalista del
concurso internacional de poesía “Castello Di Duino” en Italia. Director editorial de la
Revista Literaria Taller Ígitur, gestor de Crítica y Pensamiento en México y del Encuentro
Nacional de Poesía. Diótima, miembro del PEN Club México y Director de la Congregación
Literaria de la CDMX.

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