Galaxias como cuadrículas de arte - MilMesetas

Pero el espacio no era espacio, como Farro había pensado. Le pegaba en los ojos como pizarra: no un mero vacío, sino una insondable red de fuerzas, una reptante fusión de tensiones y campos donde las estrellas y planetas colgaban como rocío entre telarañas

Galaxias como granos de arena, Brian W. Aldiss

El año pasado reseñé la exposición Milimétrica de la artista Anahí H. Galaviz y esta ocasión les hablaré de su más reciente exposición: Otros mundos y galaxias emergerán, que es una continuación de su proceso creativo y artístico para comprender el duelo.

La artista Anahí H. Galaviz cerca de la pieza central de Otros mundos y galaxias emergerán.

Menciono que es una continuación, porque, si bien la primera exposición habla de los cuatro elementos y el cosmos, todo atravesado por lo onírico, en esta nueva obra, la artista dejó el plano terrenal impulsada por el material del que están hechos los sueños, en pocas palabras: dio un brinco sorjuanezcamente al vacío del espacio para conocer sus secretos, para contemplar cada aspecto de ese macrocosmos y reconocer cómo se conecta con cada fibra del microcosmos que nos habita.

En este punto, su obra me recuerda demasiado a la ciencia ficción más encaminada hacia la Space Opera, donde el viaje estelar era la mera excusa para conocer más a la humanidad y en específico me evocó a la obra del autor británico Brian W. Aldiss: Galaxias como granos de arena, conformado por una serie de relatos que nos narran la travesía de la humanidad en el tiempo y en el espacio, hasta el final de nuestra galaxia y el surgimiento de una nueva, con una nueva humanidad.

Pieza que mezcla ciencias duras y los saberes de la astrología

Su pieza central consiste en una telaraña de la que cuelgan círculos de hoja milimétrica, que contienen siluetas de mujeres realizando posturas de yoga, al final de cada hilo cuelgan rocas de minerales, cuarzos y hasta un fragmento de meteorito. Bajo esta pieza se halla una serie de piedras que forman una galaxia en espiral cuyo centro es el carbón, que representa un agujero negro, y la finalidad de la pieza es ser inmersiva: el público la atraviesa para que experimente cómo nuestra existencia afecta al cosmos mismo. En lo personal su pieza me gusta porque combate mucho ese pesimismo cósmico que parece estar muy presente en la humanidad. También me recordó bastante al argumento del libro El fin de la muerte, tercera novela de la trilogía El recuerdo del pasado de la Tierra de Cixin Liu, que nos invita a pensar cómo afectamos el entorno, incluso en escala cósmica.

Pieza inmersiva

Ese es el llamado que hace la obra de Anahí, conocer el cosmos no significa que abandonemos conocer lo humano, afrontar la pérdida no significa el fin de algo, sino como las fases de la luna, el inicio de otro proceso para sanar. Como su pieza donde muestra su interés en comprender la Luna más allá de un simple satélite que orbita en torno a la Tierra; sino que busca dotarla de esa fuerza primordial que los mitos le otorgaban, de donde las mujeres sabias, señaladas como brujas, obtenían su fuerza.

Ciclos lunares.

Así que su obra está para recordarnos que aunque sigamos explorando el cosmos (como las recientes fotos del telescopio James Webb compartidas -y recompartidas ad nauseam en RRSS- que muestran galaxias y estrellas no vistas antes; pero quizá soñadas por poetas y artistas), no debemos abandonar la indagación en lo profundo de nuestro ser, en lo íntimo de nuestras psiques y en los sueños hechos de miles de granos de arena, que cada uno podría contener cientos de galaxias esperando emerger.


La obra se presentó en dos espacios: en Templo Rojo Pinacoteca, en Tlaxcala y en El Rule, comunidad de saberes, en CDMX. Lamentablemente esta reseña llegó un poco tarde, porque ya fue desmontada, pero pueden seguir a la artista en su Instagram: anahi_h_galaviz18

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