Bidaani’ rucaachi’ es un monólogo íntimo, de la ixtaltepecana Claudia Yerelly Santiago Cuevas, escritora de Bidxaa (Nahual, 2010) con más de 300 representaciones nacionales e internacionales. Dramaturga de Náa Gunaá (Desiertos ombligos, 2013) sobre jornaleros agrícolas de San Quintín víctimas de cáncer en la piel por pesticidas. Protagonista de Guiexhuba (Flor de maíz, nominada al Ariel Awards 2022 y Guanajuato International Film Festival 2021). Y guionista en televisión cultural de programas como Tejiendo el espíritu (Canal 14).
Guenda (Espíritu). El escenario se divide en altares a la naturaleza: tierra, aire, fuego, agua. Es un curioso departamento de la Cdmx, donde Sabina sueña. El videomapping se proyecta en las cortinas y la voz en off es su prima:
PALMIRA: ¡Pabía’ nadxiia lii! Yanna zuya’ lii, padxí que, cadi gacu nayá’, napu’ xhi yedu’, zianu’ ne gasti ¿Zusiandu’ ni gubanilu rarí’ la? (¡Cómo te quiero amiga! Es momento de verte, tanto tiempo, no seas mala, tienes que venir, te vas a quedar sin nada ¿Vas olvidar lo que viviste aquí?)
SABINA: ¡No! no es necesario. Que lo vean los demás…Tengo mucho trabajo, no puedo.
PALMIRA: Nica xha caxhaya’ cadi gacu nayá’ daguya’ naa, bixhózelu mba’ bisiánda’ guidxi la. Cadi bidxi’ de bú’ lii. ¡Nayá’ lu! (Aunque esté destruido ingrata ven a verme, a tu papá ya lo olvidó el pueblo. No eres semilla de carbón. ¡Cabrona!)
Guidxi (Ciudad). Sabina despierta con un mensaje proyectado en la ventana:“me escribió el director, necesita que mandes con urgencia una improvisación de un minuto que conecte con tu raíz.”
La actriz ordena: ¡Alexa pon música para ensayar! Suena el piano con el vals “Celosa” de la Banda Princesa Donají; la pantalla proyecta una piel de lagarto, Sabina pone el celular en el tripié y graba:
“Me pidieron que diga lo que siento, la historia de la que huyó, que se siente orgullosa de su herencia. Pero no sé qué decir, no sé cómo sienten las mujeres de mi pueblo, hace 30 años que no vivo ahí.
Me fui por el silencio, no me corrieron, pero me hicieron sentir impostora. Como si mi piel fuera una afrenta a la memoria de mis abuelas. Decían que era la hija del viento. No sé si vengo de las nubes.
Siempre me sentí con una máscara, incluso en mi propia casa. Y aquí en la ciudad, tampoco soy de allá. Cuando digo que soy de Ixtaltepec, sus ojos se abren y dicen ¿en serio?
Como si mi origen fuera una mentira. Como si tuviera que llevar la piel de mi gente como un uniforme. Me pondré la máscara que quieran para sobrevivir. ¡Alexa apágate!”
Justo como en el sueño, el celular timbra. PALMIRA: ¡Ladxidúa’! Dede que gucuabilu naa. Layú sti’ xhauelalu Cecilia, pa guiruti guini’ tu stini’, xhaíque guidxi zacani (¡Corazón! Hasta que me contestas. El terreno de tu abuela Cecilia, si nadie llega a reclamarlo, el gobierno lo va a expropiar).
SABINA: Voy pronto. Ahora no puedo estoy trabajando.
PALMIRA: ¡Co, co mba’ gasti’ dxizezá benda huiine! (¡No, no hay tiempo hermanita mía!)Está el parque eólico, y el interoceánico, de obra pública.
SABINA: ¿La casa de mi abuela? ¿Todavía están ahí los escombros? Si quieres te la vendo.
PALMIRA: El municipio va expropiar a quienes no actualicen los terrenos, varios no vamos a vender, si es necesario te lo compro. Entiendo que no quieras regresar, pero es importante para nosotras. ¿En qué te apoyo? ¿Es tu mismo número de cuenta?
SABINA: No necesito nada, busco los documentos y tomo el autobús esta noche.
Neza (Camino). Se escucha la voz en off de la estación: “Pasajeros con destino a Tinaja, Matías Romero, La Ventosa, Juchitán”. Sobre Sabina se proyectan algoritmos y un mensaje: “Voy a mi pueblo, salió una urgencia, te envío la audición, gracias”.
Después de diez horas de camino, la anciana de junto sonríe y le da totopo con queso: “Toma para que no vaya vacío tu estómago”. Sabina agradece: “Esta delicioso, me recuerda a muchos lugares”.
Esa mujer ve más allá de la piel: “¿Qué te duele, hija?”. Ni Sabina lo sabe. La paisana toca su frente: “Ni riní’ ícu rindá’ yu’dxu’ (Eso que piensas huele feo)”.Se despide con una sonrisa misteriosa y deja los totopos como un regalo silencioso. Al bajar, una niña y su madre la abrazan. Las tres se parecen.
Guíba bi (Eólicos). Sabina graba la carretera del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca: sembradíos de palmeras, mangos y chicozapotes. “¿Dónde están los cerros verdes, el cielo tan vasto que dolía de tanta libertad? El viento creador era un rugido brutal, que, si se lo proponía, volteaba un tráiler, 300 km/h sin pedir permiso a nadie, poder puro, indomable”.
En ese pastizal, su padre decía: “Cierra los ojos mi niña zapoteca. Escucha. El Viento aquí es el abuelo. Siente hija. Aguanta Sabina, deja que te enseñe lo que es la resistencia. La naturaleza es la única fuerza que no puedes comprar, no somos dueños de nada”.
La actriz recuerda cómo por ese cielo “pasaban aves migratorias, un río negro de vida, de alas en el aire. Ahora desviaron su ruta, temen a las aspas, gigantes blancos, erguidos, dando vueltas, lentos. Hemos sembrado metal”.
Se proyectan huesos de lagarto mezclados con hélices, brotan gotas de petróleo y un sonido agudo irrumpe como un chillido.
“Como una máquina que mastica dinero. Parece que el viento llora. El viento no es indomable, padre. Lo hemos domado con metal. ¿De eso me hablaba Palmira?
SABINA: ¡Yipiti actualización del lugar!
YIPITI: Estás en la Ventosa, Oaxaca. El corredor eólico es prioritario para generar energía renovable en México. Los zapotecas dividen opiniones sobre el beneficio económico. La zona es referente global de la transición energética.
Se proyecta un collage: la empresa Binniza global, Iberdrola, imágenes de cierres carreteros por conflictos territoriales.
SABINA: ¡Transición energética!
YIPITI: En 2017 el sismo de 8.2 grados sacudió el Istmo. Suspensión temporal de 21 parques eólicos, pérdida de la arquitectura tradicional. A continuación, te presento un audio de un rezo”.
Sobre Sabina se proyecta el zapoteco que data del siglo XIII, con un canto anónimo que refiere la dispersión de la raza, recopilado por el escritor Macario Matus:
“Niza guie: Pumpu, capumpu yu. Ziaba nisa, ziaba guie, ziaba nanda, ziaba gui, ziaba yu, zará guidxilayú. Bidxadxa, bidxadxa ¡au! Bisaba nisa, bisaba guie, bisaba nanda, bisaba yu, ca binnigula’sa ma che’. Bidxadxa, bidxadxa ¡jú!

Layú xhauela (Patio de la abuela). Un músico del pueblo toca “Juguito de piña” en su saxofón, pero en el solitario patio de tierra sólo hay pedazos de tejas, sombras de escombro como fósil de un lagarto. El son “Silencio y Olvido” de Jesús Rasgado suena bajo. Y con sólo girar, poniéndose una enagua roja, Sabina cambia al personaje de Palmira:
“El terremoto tumbó casas, la iglesia y el puente que está a la entrada del pueblo; los escombros los tiró el municipio al río. Cuando me dijeron que el presidente quiso tirar la casa de tu abuela, venimos con las mujeres a limpiar el patio y encontré este beliz. ¿Xhi modu ruuyu’ layú ca? scaruni, xhauelalu qué zioodi dxi che Sabina. (¿Cómo ves el terreno? Es hermoso. Tu abuela nunca se ha ido, Sabina)”.
Sin la enagua, el personaje transita a Sabina: Layú sti’ xhauela’ ne guendaba’du’ stinne nacani dé (El patio de mi abuela y mi infancia es polvo). El olor de mi abuela como si estuviera aquí. Hace cuánto que no pensaba en este patio, en el árbol de mango.
Yooba’ (Lugar de los muertos). Suenan las campanas de la iglesia. La abuela Cecilia toma vida con un refajo (faldón blanco): “¡Sabinita, nieta bola oro! Recuerdo el día que naciste. Era mi cumpleaños. Sacaa bigaze lii, sacaa bigaze bixhózu. Sabino que iquiiñe’. Bínibe stale bidxichi. (Recuerdo como te bañaba, así bañé a tu papá. Ese Sabino cabrón. Cómo hizo dinero con la petrolera).
Nadie estaba acostumbrado a tener dinero, muchos dejaron de sembrar la tierra y comenzaron a sangrarla con tubos. Eso te permitió salir de aquí, estudiar y no parir debajo de este árbol como la tradición lo indica. Nos en la hamaca viendo el sol caer en el cerro, donde duerme el lagarto que nos cuida, su aliento es el viento. Sabes que, si se mueve, sacude la tierra para darle orden y armonía”.
El fantasma se mueve como usando una máquina de coser: “Como la cadenilla de mi huipil: aquí están los puntos y cruces de mi mente, en el movimiento de mis manos y mis pies hay grecas. Códigos naturales que cuentan mi vida. Te enseñé que cuidaras tu ande (vagina), que nadie la tocara. Te dije que te quedaras, que estudiaras de maestra.
Te fuiste, te preparé una cajita con queso y totopo para que el olor quedara en tu corazón. ¿Me preguntaba qué sería de ti mi xhunca (consentida) en la ciudad? ¿Qué ibas a hacer con ese huipil? ¿Qué historias ibas a contar en la cadenilla de tu camino?”.
Layú (Fiesta). En el patio, la fiesta istmeña está en su apogeo, el grupo musical interpreta “Pedacito de mi vida”. El rapto de la abuela no terminó sólo se hizo un hilo más delgado. Estar en la balahana (ritual del rapto para la boda) de la sobrina de Palmira hace recordar a Sabina por qué se fue:
“¿Qué hace tu sobrina ahí, acostada como fantasma? Es una barbaridad que sigamos sosteniendo esto. Es contradictorio. ¡Sica lii, sica naa, sica guidxi ri! (Como tú, como yo, como este pueblo).
PALMIRA: Corazón parece que naciste en Washington. Mi sobrina aceptó el rapto. Está acostada porque no hay que tenerle miedo a la sangre que es vida y conexión con la tierra. Así nos unimos a la familia del novio y sus bienes para que construyan su casa y aseguren que, si ella se queda sola, siga apoyada, respetada. En estos patios tejemos los acuerdos, para salvar esta tierra necesitamos esta comunidad, que se teje en las bodas”.
SABINA: Eso que llamas comunidad oculta silencios. ¿Por tradición? Se llama despojo de nuestros cuerpos ¿Por rechazar el progreso? ¿Por unos eólicos que ni tu como activista has podido detener?
PALMIRA: ¿Quieres saber por qué no denuncio esta fiesta xhunca? Sé el dolor que vivió tu abuela al ser raptada. ¿Quieres que grite que esta balahana es el pago de una deuda vieja que nunca vamos a pagar? Para ti irte fue liberador, yo veo como las aves y el cerro se desboronan. Tenemos que hacer fértil la tradición. Sin estos patios no hay tierra, ni lengua, ni Binniza (gente zapoteca)”.
Bidaani’ (Huipil). Se escucha la canción “Silencio y olvido” de Jesús Rasgado. Sabina barre el patio, prende un sahumerio, lo coloca en el altar y la escena se llena de misticismo: “Ya vine abuela a nuestro encuentro. El silencio de tu huipil me habla. Ahora entiendo que el progreso fue veneno y amenaza dentro de mi cuerpo. Dentro de nosotras. Guardé silencio. Hablar es huir.
¿Xhauela’ gula’na’ bixhozegola lii la? ¿Ti bayu’ biteegu’ ruaalu la? ¿Gudu’bayube chaícu la? ¿Niza ca bisacaná ndaanu la? ¿Pará’ bínibe ca xiñu’? ¿Pará’ bicahilólu? ¿Xa’na’ ti lari gueela’ naquichi’ la? ¿Ne’ni behua la? ¿Xaguete’ bidaani stiu’ xhi noo? ¿Guendarusisaca la?
(¿Abuela, te robó el abuelo? ¿Un pañuelo tapó tu boca? ¿Jaló tu cabello? ¿La mazorca lastimó tu vientre? ¿Dónde te hizo los hijos? ¿Dónde te ocultaste? ¿Debajo de una sábana blanca? ¿Manchada de huachinango? ¿Abajo de tu huipil que hay? ¿Honor?)”.
El escenario se ilumina con la luz de luna azul en todo su esplendor.

CECILIA: (Cantando) “Tu silencio es un profundo dolor que martiriza mi pobre corazón, te burlaste de mi amor… ¡Ay Sabinita! Tu abuelo me hacía los hijos donde fuera, en el patio, en la milpa. El dinero y el progreso es la historia de los hombres no la tuya. Ellos caminan con el mal de ojo creyendo que la tierra les debe algo”.
Cecilia refresca los pies de su nieta con agua, un ramo de albahaca y rezos: “Bidaani’ ri guendanabani stinne ni, cadi stíudini, nica ngueca rinini. (Este huipil es mi historia, no la tuya, aunque es la misma sangre).
Bixhozególalu gula’na’ naa. Bixhózelu gula’na’ jñaalu. Cadi gua’dilu guendarutubiló. Na’ ni biteegu’ ruaalu, yanna guendaladxidúa’ cunuchibi. Dede yanna ca neza stiu ca zaca cani nayá ne nasisi (Tu abuelo me raptó a mí. Tu padre raptó a tu madre. No cargues la vergüenza. La mano que tapó tu boca, ahora es un alma en pena. Desde ahora tus caminos serán limpios y ligeros)
Eres como una flor de jicaco, xhunca bella. Es tiempo de romper el hilo de hablar con la verdad. No la ocultes. Bidaani’ stiu’ tica ra guirúpa guidiladilu que ñapadi ti tía’ ni ti guendariluxe. Laani guendariláni. (Tu huipil como tu segunda piel no tenía un color ni destino. Es libre)”.
Cecilia abre el beliz: Te voy a arreglar. En los días tristes, ponte este huipil, será tu casa; el refajo y luego la enagua. Bordé con tus cabellos y mi piel un jarrón donde te guardé junto al lagarto que habita nuestra cueva. Nuestro hilo es interminable como el universo que está tejido debajo de mí. Tu vida como el oro es bendecido. Se presente en tu camino”.
El Retorno a la Nube. SABINA: “Me piden que diga lo que siento. Es la historia de una mujer que su rapto fue de niña. La historia de una mujer que huyó de su pueblo porque perdió la voz de su cuerpo.
¡No! ¡No tuvo balahana! El rechazo a esta tradición no es traición. Es rechazo a la niña que fui. La no que sabía hablar zapoteco sin equivocarse. La que no podía decir lo que veía.
La vez que guardé silencio era domingo temprano, mi padre me mandó por tortillas. Podía ir y venir sola, corría descalza, el viento pegaba fuerte. De regreso por la misma calle, entre sombras un anciano me llama: ¿Tu xiñi líi? (¿Hija de quién eres?). No supe que responder, pero él no esperaba respuesta.
‘Ayúdame toma mi cubeta, acompáñame a mi casa’. En mi fragilidad de niña lo acompañé. Desde pequeña mi flor roja llegó rota. Oculté mi rostro. Vi los raptos, las bodas. Todo para mí olía a fantasma y metal. ¿Fiestas? Una fiesta no borra la sequía que llevas dentro”.
Irrumpir una comunidad con infraestructura sin análisis medioambiental, se asemeja al duelo constante de la huella que deja un fornicador en la psique de cualquier mujer. El montaje es una denuncia ante el abuso ancestral. La protagonista hila su linaje, en un territorio de herencias familiares y resistencia. Las generaciones bordan nuevos trajes istmeños, trenzan otros destinos.

“Soy mujer nube. Y estoy aquí sólo de paso, aprendiendo a amar un rato nomás este mundo que nunca ha sido mío. Pero en el que ahora, por fin, respiro”, concluye el texto de Claudia Santiago, quien revela a Revista MilMesetas: “Para este proyecto, desde 2016 escribí los testimonios, después que encontré el huipil de mi infancia; los trabajé con la dramaturga Jimena Escalante.
Primero fue un guion cinematográfico en un segundo tratamiento con la guionista Beatriz Novaro. Pero como las películas tardan, decidí ensayarlo hasta llegar a este monólogo. Y así surgió la invitación de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, este año de la mujer indígena, para darle vida a una historia entre la tensión del progreso, los cambios internos en las personas y su amor por el territorio”.
La genialidad de la actriz hace que su movimiento exprese el cansancio de Cecilia, y pese a ello, su flexibilidad para trepar la hamaca y escuchar a su nieta. Una escena que recuerda el poema de Gabriel López Chiñas, “Xhahuela” (Abuela):
“Dxi uca’ ba’du’, biíya’ shahuéla’ zuba guishe, hrindisa lu shaibá’, hricaala’dxi’, ne hriete nisalú’. Hriní’ guendaba’du’ stine’: Shii ndi’ hrusiguunashaata shahuéla’ ya’. Gudi’di’ dxi, biníise’, guca’ badunguiiuhuiini’; gudi’di’ iza, guca’ binnihuayala; stale, stale iza gudi’di’, guca’ binnigola. Yanna zúuba’ ndani’ guishe, hra gurí shahuéla’que’, hrúuyadxié’ shaibá’, hricaaladxe’, ne hriete nisaluá’. Ma nanna’ yanna, shahuéla’ ni nadxiishaata ladxiduá’, shingue hrusiguuna lii.
(Cuando era niño, veía a mi abuelita sentada en la hamaca, mirando hacia el firmamento, suspirando, y derramando lágrimas. Preguntaba mi alma infantil: ¿Qué es lo que hace llorar tanto a mi abuelita? Pasó el tiempo, crecí, me convertí en un joven; pasaron los años, me convertí en adulto; muchos, muchos años pasaron, me convertí en anciano. Ahora estoy sentado en la hamaca, donde se sentaba mi abuelita, miro el firmamento, suspiro, y derramo lágrimas. Ahora ya comprendo, abuelita querida de mi corazón, porque llorabas tanto)”.
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Para la artista, el huipil de cadenilla es “un lienzo vivo que encapsula la cosmovisión y el saber de las mujeres que lo tejen. Debajo oculta memorias vivas. Nuestras abuelas fueron matemáticas, contaron estrellas en el cielo para volverlas grecas en la tela, son una segunda piel que guarda secretos de libertad y amor, pero también el silencio de las violencias”.
Espejo Mutable Teatro (@espejomutableteatro), en coproducción con el INBAL, presentan esta obra con música en vivo del juchiteco Amílcar Meneses, participante del film Binnizá: Los seres de las nubes, del director Juan Carlos Rulfo (2025). Productor de Laxhidua, del rapero zapoteco Rosty Bazendu. Y ganador del PECDA con el documental: De la trova al rap, la composición contemporánea en el istmo de Tehuantepec de 1980 a 2021.
El equipo de producción junta a Zuadd Atala, Gabriela Gallardo, David Zambrano, Laura Guerra, Sergio López Vigueras, Sandra Colina, Siado’guie’, Proyecto Laanu, Gami Sant, y Julio Gándera. Y este reestreno se engalanó con la actriz Mayra Sérbulo, madrina de este inicio de temporada.
La obrase presenta hasta el 2 de septiembre de 2026 con funciones los martes y miércoles a las 20:00 horas en el Foro La Gruta. Entrada $214 en las taquillas del Centro Cultural Helénico (Av. Revolución 1500) o en la página www.helenico.gob.mx.
La obrase presenta hasta el 2 de septiembre de 2026 con funciones los martes y miércoles a las 20:00 horas en el Foro La Gruta. Entrada $214 en las taquillas del Centro Cultural Helénico (Av. Revolución 1500) o en la página www.helenico.gob.mx.
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