- Jarquín Ramírez, Mauro. Pedagogía ludita: Contra la megamáquina educativa del capitalismo digital. Prólogo de Roberto Leher. 1ª ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), julio de 2026. Libro digital, PDF, 387 págs. ISBN 978-631-308-299-5. Disponible en https://www.clacso.org/pedagogia-ludita/
En un momento histórico atravesado por el entusiasmo acrítico hacia la inteligencia artificial generativa y la digitalización de los sistemas escolares, el libro Pedagogía ludita: Contra la megamáquina educativa del capitalismo digital de Mauro Jarquín Ramírez se posiciona como una intervención teórica y política de primer orden. El texto emprende una desmitificación radical del discurso de la innovación educativa (EdTech Speak). Lejos de asumir la tecnología como un instrumental neutro destinado a optimizar el aprendizaje, Jarquín articula una lectura materialista y anticapitalista que entiende la digitalización escolar contemporánea como un proceso de subsunción real del trabajo pedagógico y de colonización epistémica al servicio de la acumulación global de capital.
El libro se articula en torno a la noción de la megamáquina educativa del capitalismo digital, categoría que el autor rescata y actualiza a partir del pensamiento de Lewis Mumford. Dicha megamáquina no constituye un artefacto aislado ni una suma desarticulada de dispositivos, sino un ensamblaje sociotécnico multidimensional integrado por intereses corporativos monopólicos, burocracias estatales, agendas de austeridad fiscal y narrativas de inevitabilidad técnica.
En las secciones preliminares y los primeros capítulos, la obra desmonta la visión idealista que reduce la tecnología a mera herramienta dependiente de la voluntad subjetiva del usuario. Con el apoyo de pensadores como Langdon Winner, Andrew Feenberg y Karl Marx, Jarquín subraya que los artefactos encarnan relaciones sociales asimétricas y proyectos políticos definidos. A partir de este principio, el primer capítulo restituye el espesor histórico y político del movimiento ludita británico de 1811-1816. El autor refuta la caricatura burguesa que ha presentado sistemáticamente a los seguidores de Ned Ludd como fanáticos tecnófobos o enemigos del progreso, demostrando que fueron artesanos y obreros calificados que recurrieron a la acción directa contra las máquinas para frenar la degradación de sus condiciones de vida, el abaratamiento salarial y la destrucción del tejido comunitario. Esta genealogía enlaza con protestas contemporáneas —desde el sabotaje libertario de CLODO en los años ochenta hasta huelgas laborales y litigios territoriales contra centros de datos—, trazando un hilo de resistencia proletaria frente a la tiranía técnica.
El texto avanza en su segundo y tercer capítulo hacia la economía política de la técnica. Aquí el autor expone la materialidad pesada y extractivista que sostiene el mito de la inmaterialidad de la nube: cables submarinos intercontinentales, consumo voraz de agua y electricidad en centros de datos, y cadenas globales de explotación minera de coltán y litio. Dado esto, toma relevancia el análisis de la nueva dependencia estructural en el Sur Global, nutrido por la Teoría Marxista de la Dependencia (Marini, Osorio). Jarquín demuestra que la adopción compulsiva de plataformas estadounidenses en América Latina reproduce la condición periférica: la región entrega minerales críticos y datos primarios, proporciona mano de obra barata y precarizada para el entrenamiento y moderación de modelos de inteligencia artificial, y consume pasivamente paquetes de software y hardware ajenos a sus realidades socioculturales, comprometiendo gravemente su soberanía educativa.
Asimismo, la obra disecciona la fisonomía de Silicon Valley no como un ecosistema espontáneo de genios de garaje, sino como un enclave históricamente anclado al complejo militar-industrial estadounidense. Mediante un feroz aparato de cabildeo y la concentración monopólica de la infraestructura en un puñado de corporaciones (Big Tech), los magnates tecnológicos se han erigido en pedagogos y co-autoridades educativas de facto. A través de casos emblemáticos —como las alianzas de Google y OpenAI con gobiernos latinoamericanos o el despliegue del chatbot Grok como tutor en escuelas salvadoreñas—, el autor advierte cómo estas plataformas operan en tanto armas epistémicas y mecanismos de coerción, manipulación y subjetivación cultural.
En los capítulos intermedios y finales, el análisis aterriza en las entrañas mismas del acto escolar. Jarquín caracteriza la datificación como la nueva ontología del capitalismo digital: la reducción de las vivencias formativas a métricas cuantificables (data manufacturing) para alimentar modelos de aprendizaje automático y justificar esquemas gerenciales de rendición de cuentas (accountability). En este contexto, el aula muta en una suerte de fábrica difusa donde docentes y estudiantes desempeñan de manera no remunerada un Trabajo Educativo Digital (TED) que entrena y valoriza los algoritmos de las corporaciones privadas. Esta dinámica converge perversamente con la austeridad neoliberal y el avance de corrientes neorreaccionarias (tecnofascismo), donde la automatización escolar sirve de coartada para justificar recortes presupuestarios, desarticular la organización sindical y censurar debates sociopolíticos.

El principal acierto de la obra radica en su capacidad para romper la asfixiante polarización entre el solucionismo tecno-optimista y el lamento moralista de corte humanista-romántico. Jarquín no apela a una nostalgia conservadora ni a un rechazo místico a la técnica; por el contrario, construye una rigurosa crítica de la economía política de la educación digital. Su recuperación del concepto de totalidad dialéctica y el rescate de la memoria ludita ofrecen un arsenal conceptual indispensable para los movimientos pedagógicos y sindicales de nuestra época, desvelando que detrás de la promesa de personalización del aprendizaje subyace una homogeneización algorítmica guiada por la rentabilidad empresarial.
A pesar de la contundencia de su impugnación estructural, la obra deja al descubierto algunas tensiones analíticas y pragmáticas de peso en lo referente a la realidad laboral y social del entorno escolar. Por un lado, la convocatoria a la insubordinación frente al Trabajo Educativo Digital —mediante boicots o huelgas de datos— soslaya la precariedad de la clase trabajadora docente, para quien el uso de plataformas corporativas no es una elección pedagógica opcional, sino un requisito institucional ineludible ligado a la continuidad del empleo y a la percepción salarial. Al no profundizar en las mediaciones sindicales y organizativas indispensables para sostener tal resistencia sin exponer al magisterio a sanciones o despidos, la propuesta corre el riesgo de formular una exigencia ética de difícil concreción material. A esto se suma que, al concentrar su crítica casi exclusivamente en la lógica extractiva y deshumanizadora de la técnica, el libro tiende a subestimar el papel indispensable que los dispositivos digitales desempeñan en la democratización del acceso en contextos de marginación, escuelas rurales aisladas o para estudiantes con discapacidades neurocognitivas y motrices, sectores donde la alternativa analógica no ofrece soluciones inmediatas.
Por otro lado, la reivindicación simbólica del martillo de Enoch y el enfoque ludita encierran la respuesta política en un horizonte predominantemente defensivo y reactivo. Si bien la obra declara la conveniencia de avanzar hacia tecnologías abiertas, públicas y orientadas al bien común, relega a un segundo plano el diseño de rutas operativas para la construcción efectiva de esa infraestructura soberana. Desarticular la dependencia tecnológica y la subordinación del Sur Global no depende únicamente del freno de emergencia o del sabotaje a las plataformas hegemónicas; demanda, de manera igualmente prioritaria, el desarrollo de capacidades técnicas colectivas para programar, gestionar y financiar proyectos de software libre y redes comunitarias capaces de disputar de forma tangible el ecosistema educativo a las corporaciones de Silicon Valley.
Para cerrar, es necesario puntualizar que Mauro Jarquín Ramírez logra articular un balance teórico que conmociona el sentido común pedagógico contemporáneo, recordándonos que las promesas de emancipación digital no pueden cumplirse bajo las relaciones de producción del capitalismo de plataformas.
Más que un tratado académico abstracto, el texto se erige como una brújula militante. Al conectar las luchas de los tejedores de Nottingham del siglo XIX con la explotación del trabajo cognitivo en las aulas del siglo XXI, la obra devuelve a las comunidades escolares su cualidad de sujetos históricos. La verdadera transformación de la educación no provendrá de los servidores de Silicon Valley ni de los mandatos de eficiencia algorítmica, sino de la capacidad colectiva de docentes, estudiantes y comunidades para recuperar la palabra, reapropiarse de sus saberes y subordinar la tecnología al cuidado de la vida y el bien común.
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