Enero no es un reinicio: el cansancio de tener que empezar - MilMesetas

El mito del inicio perfecto: por qué enero nos exige empezar de nuevo”

Enero llega con una promesa implícita: empezar de nuevo. El calendario cambia y, con él, pareciera que también deberíamos hacerlo nosotros. Nuevos hábitos, nuevos propósitos, una versión “mejorada” de quien fuimos el año anterior. Sin embargo, esta narrativa del reinicio perfecto suele ignorar una verdad incómoda: enero no es un comienzo limpio, sino una continuidad cargada de cansancio.

Después de diciembre —mes de gastos, encuentros forzados, celebraciones extensas y emociones intensas— el cuerpo y la mente llegan exhaustos. Aun así, la cultura contemporánea insiste en que este es el momento ideal para ser productivos, disciplinados y optimistas. Como señala Byung-Chul Han (2012), vivimos en una sociedad del rendimiento donde la exigencia ya no viene de afuera, sino de uno mismo. No descansar se ha vuelto una virtud, y empezar agotados parece lo normal.

La idea de “año nuevo, vida nueva” funciona más como consigna publicitaria que como realidad humana. Remedios Zafra (2017) advierte que el entusiasmo permanente es una forma sutil de precarización emocional: siempre debemos estar motivados, disponibles, dispuestos a mejorar. Enero, en ese sentido, no es un mes de pausa, sino de presión. Se nos pide ordenar la vida justo cuando aún estamos recogiendo los restos del año anterior.

Desde otra perspectiva, Hartmut Rosa (2016) explica que la aceleración del tiempo moderno nos impide vivir los procesos con profundidad. Todo debe cambiar rápido: el cuerpo, la mente, la rutina. Pero los procesos humanos no obedecen al calendario. No hay un botón real de reinicio. Arrastramos duelos, cansancios, aprendizajes y heridas que no desaparecen el primero de enero.

Personalmente, enero siempre me ha parecido un mes extraño. No lo vivo como un inicio, sino como una especie de eco. Un tiempo lento donde el silencio pesa más que la expectativa. Mientras afuera se habla de metas y planes, yo siento que el cuerpo todavía pide descanso.

Y quizá ahí esté la clave: escuchar ese cansancio en lugar de combatirlo.

Tal vez enero no necesita más propósitos, sino más permiso. Permiso para no saber aún qué sigue, para avanzar sin prisa, para aceptar que continuar también es una forma válida de existir. Como diría Zygmunt Bauman (2003), en una modernidad líquida todo es inestable, incluso la idea de empezar. Aferrarnos a comienzos perfectos solo aumenta la frustración.Pensar enero como un mes de transición —y no de exigencia— puede ser un acto de resistencia. Resistir la obligación de ser nuevos todo el tiempo. Aceptar que la vida no se reinicia: se continúa, con pausas, con dudas y con cuidado. Quizá el verdadero comienzo no esté en hacer más, sino en escucharnos mejor.

Referencias

Bauman, Z. (2003). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.

Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio.

Herder.Rosa, H. (2016). Aceleración: Una crítica social del tiempo.

Katz.Zafra, R. (2017). El entusiasmo: Precariedad y trabajo creativo en la era digital. Anagrama.