Cuando el terror inspira: la "bruja" en Occidente - MilMesetas

Desde la infancia nos han narrando historias de brujas con el poder de realizar diversas atrocidades: devorar bebés no bautizados, transformarse en animales con una tajante intención malvada o maldecir la fortuna de una persona. Desde que se habla del tema, una atmósfera sombría se abre ante nosotros y brota una figura femenina con el único fin de corrompernos. ¿Qué tipo de características poseen las brujas para infundir temor en la población?, ¿por qué es que logran dar tanto miedo? Esto se debe a que están asociadas a lo sobrenatural y, ante ello, no existe ninguna defensa.

Diferentes historiadores consideran que el concepto de bruja, en su forma desarrollada, aparece en el siglo XVI. Cuando se logran conjuntar, por vez primera, elementos pertenecientes a diversas tradiciones que dan como resultado el nacimiento del término “bruja” que, inclusive, permanece hoy en día en América y Europa.  

Únete a este vuelo noctámbulo con la finalidad de rastrear las diferentes características que se han acuñado desde la Edad Media hasta épocas contemporáneas, y que han dado rostro en el imaginario a una figura tan enigmática como la bruja en el mundo occidental.

El concepto de bruja

¿Qué es una bruja? Dar una respuesta concreta a esta interrogante es complicada, debido a que su concepción ha cambiado a lo largo de la historia, pero este término puede definirse como: mujeres que se caracterizan por practicar el maleficio, esto es, causar daños a las personas en su cuerpo o en sus bienes. Generalmente, dichos perjuicios consistían en enfermedades o la muerte de personas o animales; pérdida de las cosechas por tormentas o pestes; conflictos matrimoniales por adulterio o infertilidad, etc.[1]

Ahora bien, es importante señalar que en la Edad Media (para ser más exactos durante los siglos XIV al XVII) existió un tipo de bruja caracterizada por realizar prácticas paganas, está se diferenciaba por renegar de su fe católica y adoptar a Lucifer como su nuevo pastor mediante la realización de un pacto. Elia Nathan dice lo siguiente: “claramente este concepto es netamente cristiano porque representa a la bruja como la imagen invertida del buen cristiano: adora al Diablo en lugar de a Dios”.[2] Lo distintivo de este tipo de bruja es la creencia de que, a través de un pacto demoniaco, se le dota de poderes sobrenaturales para dañar todo lo sagrado que habita en la tierra.

La bruja montando una cabra al revés, por: Albrecht Dürer. 1500.

La idea del Sabbat, sinagoga o aquelarre

El concepto de bruja va de la mano con el rito del aquelarre pero, ¿qué es esta práctica? El sabbat o sinagoga es una reunión nocturna que ocurre en los prados cercanos a una población, en donde las brujas rinden pleitesía a Satanás de manera regular. Este ritual consta de los siguientes elementos:

  1. Hay una animadversión a la fe cristiana, pues se reniega del bautismo católico y del Creador.
  2. El Diablo siempre ofrece una doctrina a los asistentes de la asamblea.
  3. Se le rinde pleitesía a Satán a través de ofrendas y besos en sus partes íntimas.[3]
  4. Se realiza una burla a la comunión del pan y del vino.
  5. Existe un banquete lleno de excesos, pero el sabor de los alimentos y bebidas es repugnante.
  6. Los participantes, acompañados de música, son actores de una orgia. Los asistentes copulan con Satanás y con los demás integrantes, incluyendo a personas del mismo sexo o del mismo lazo familiar.
  7. Se manufacturan diferentes tipos de ungüentos y venenos.
  8. El Diablo exhorta a los participantes a continuar realizando actos impuros.[4]

Se pueden destacar dos aspectos: en primer lugar, la construcción del sabbat muestra que la brujería en Europa fue fundada como una subversión al cristianismo y sus prácticas, sólo es menester observar cómo se realiza una caricatura de la misa católica y a la eucaristía. Y, en un segundo momento, en el accionar del aquelarre se desmitifica la idea de que las brujas son individuos solitarios, se clarifica la existencia de una estructura social en acción y que ésta se encuentra bajo las riendas del Diablo.

Dentro de la noción del aquelarre se hallan diferentes ideas contradictorias, por ejemplo el hecho de realizar grandes banquetes, pero con un horrible sabor o la ejecución de prácticas sexuales con el mayor desenfreno, sin embargo las cuales resultan no ser satisfactorias.[5] Entonces, ¿por qué estos placeres no resultan agradables? La respuesta estriba en que, Satán, al ser un ente completamente malvado, no puede otorgar nada atractivo o satisfactorio a ningún individuo; por ende, sus aliados son partícipes de esta misma suerte.

El aquelarre, por: Francisco de Goya. 1797/1798. Museo Lázaro Galdiano, Madrid.

El uso de magia alta y baja

En el imaginario colectivo se relaciona a las brujas con diferentes prácticas mágicas o de hechicería, pero, ¿qué se entiende por magia? Este término proviene “del griego magos, que refería a los sacerdotes-astrólogos iraníes y a sus actividades”.[6] Este tipo de saber hace referencia a un fin práctico, pues se busca alcanzar de manera rápida un propósito a través del uso de prácticas ocultas. La magia se divide en dos tipos: “alta” y “baja”.

El origen de la magia alta se remonta a la cultura grecorromana y se identifica por tener una caracterización culta, en el sentido de contener teorías bien elaboradas acerca del mundo y los diferentes elementos que lo componen. Además, sólo las personas con un alto nivel económico o con una educación superior podían llegar a practicarlas. Este hecho determinó que su ejecución pudiese ser llevada a cabo por determinadas personas, principalmente clérigos y médicos.[7] Las prácticas de magia alta más conocidas son la astrología, la alquimia, la magia astral y la nigromancia.  

Es importante destacar que los practicantes de este tipo de magia no fueron perseguidos o acusados de herejía, pues ellos defendían la idea de que este conocimiento se basaba en principios filosóficos, por ejemplo: la astrología era respaldada por diferentes tesis de la filosofía aristotélica; los alquimistas en su búsqueda por transmutar metales bajos en oro o plata alcanzaron un prestigio intelectual.[8] Solamente los individuos que ejercían la nigromancia fueron repudiados, debido a que usaban círculos mágicos con el fin de invocar a diferentes tipos de demonios para obligarlos a realizar alguna tarea en específico. De igual manera, los nigromantes urdían en la búsqueda por la resurrección de los muertos.  

Ahora bien, la magia baja fue ejercida por casi toda la población, debido a que no necesitaba de profundos conocimientos para poder realizarse. Entre las diferentes prácticas de esta magia se pueden encontrar los siguientes:

  1. La medicina mágica: era caracterizada por el uso de ungüentos o pociones que eran realizadas a base de animales o plantas, pero su poder curativo era atribuido a las propiedades ocultas de los ingredientes utilizados.
  2. Los hechizos: eran fórmulas verbales que hacen referencia a diferentes maldiciones o bendiciones y su poder recaía en el rezo oculto.
  3. El uso de talismanes: servían como protección o para obtener beneficios por un ente superior.
  4. La adivinación: residía en predecir el futuro, localizar objetos perdidos, detectar ladrones, etc., a través del dominio de diferentes conocimientos paganos como: la lectura del tarot o la mano.
  5. La hechicería: consistió en el uso de todas las técnicas antes mencionadas, pero con el fin de causar daño a un individuo en concreto.[9]

A diferencia de los practicantes de la magia alta, los individuos que realizaban algún tipo de magia baja, y sobre todo los acusados de hechicería, fueron perseguidos y asesinados. Muchas personas, en su mayoría mujeres, fueron encarceladas y torturadas bajo la acusación de esoterismo y prácticas paganas. La legitimación de la persecución a las brujas recaía en su inculpación de herejía por el empleo de hechicería y su relación demoniaca.  Aunque cabe recalcar que las acusadas eran personas vulnerables: mujeres solteras con una posición socialmente baja y una edad aproximada a los 40 años. Lo interesante con esto es que se puede observar una purga por parte de los hombres hacia las mujeres que ya no eran participes del gusto y consumo del canon masculino.  

Sabbat de las brujas, por: Hans Baldung Grien. Musée du Louvre, París.

El vuelo nocturno

Las viejas historias europeas narran que las brujas se transportaban a los sabbat ya fuera volando o transformadas en diferentes animales alados. ¿Por qué las brujas ocupan este medio para transportarse? Hay diferentes respuestas para esta cuestión. Una hipótesis recae en que los aquelarres se realizaban en zonas alejadas a las comunidades pobladas, entonces las brujas necesitaban un medio de transporte rápido y, qué mejor que el vuelo. Otra respuesta versa en que las brujas, al no querer ser seguidas, tomaban vuelo para que los hombres no pudieran encontrar el camino a sus reuniones y ser descubiertas. Una tercera solución se gesta a partir de que el vuelo es un atributo no-cristiano en las creencias religiosas populares durante la Edad Media. Siguiendo una vez más el pensamiento de Elia Nathan: según en estas tradiciones “existían unas mujeres o espíritus femeninos que volaban por medios sobrenaturales con la diosa Diana o Hécate, Herodias u Holda”.[10] Cabe destacar que existían dos tipos de opiniones sobre mujeres voladoras. Por un lado, en Alemania se pensaba que las mujeres que podían volar durante la noche eran antropófagas, de ahí el temor que causaban. Mientas que en Francia e Italia se creía que los espíritus femeninos seguidores a la deidad Diana volaban junto a las almas de los difuntos repartiendo bendiciones como agradecimiento a la hospitalidad que era ofrendada.[11]

Todas estas historias fueron creando un imaginario en la sociedad de la Baja Edad Media. Si bien, en un comienzo las élites cultas tomaron estas historias como delirios malignos generados por el Diablo para retirar a la población de la cristiandad; con el tiempo estas creencias fueron asimilándose como mera fantasía.

Vuelo de brujas, por: Francisco de Goya. Museo del Prado. Madrid.

Todos los ingredientes al caldero

Se puede concluir que una bruja puede definirse como aquella mujer que realiza un pacto con el Diablo para servirle incondicionalmente y adorarlo a través de la celebración del sabbat. La creación de este término no fue tarea sencilla, inclusive los historiadores no saben con exactitud cómo los elementos tan disimiles, lograron unificarse bajo un canon occidental. Aunque la mayoría concuerda que esto se debe a que las élites cultas y, principalmente los teólogos e inquisidores consiguieron relacionar estas tradiciones a partir de narraciones espeluznantes.

Las características antes señaladas hacen que las brujas siembren terror en la población, pero me pregunto: ¿en realidad es sólo por estas peculiaridades que existe una animadversión hacia ellas? La respuesta es negativa. La estampa de la bruja rompe con los cánones morales impuestos por el mundo occidental y, sobre todo, los que tienen relación a la figura femenina; de ahí el temor que logran causar en una sociedad patriarcal. En estas hechiceras se postra un ideal de insurrección hacia los falsos estereotipos que enmarcan a las mujeres. Las brujas quebrantan dichos modelos colectivos, pues toman el protagonismo en prácticas que eran previstas para los varones, por ejemplo el manejo de una sexualidad completamente abierta, el empleo de diferentes conocimientos que se ven desarrollados en el uso de la magia o la astrología, una actitud altiva e insurrecta en diferentes ámbitos sociales, el conocimiento y uso de diferentes abortivos naturales que implicaban un empoderamiento femenino en relación a la natalidad, el antagonismo a la figura de la mujer virginal, etc.

El terror es algo innato del ser humano y la figura de la bruja continúa robando la tranquilidad a grandes y chicos. Ella acompaña nuestras pesadillas a través de los cánticos y desenfrenos que se realizan durante los sabbat. Aun así, existe algo en su figura que logra seducir nuestro cuerpo y alma. El temor que infunden aún se puede sentir en tiempos contemporáneos, pero, seamos honestos ¿a quién no le gustaría surcar los cielos bajo el regazo de una bruja?

Bibliografía

Nathan Bravo, Elia, Territorios del mal. Un estudio sobre la persecución europea de brujas, Instituto de Investigaciones Filológicas, Instituto de Investigaciones Filosóficas, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2002.

Imagen de portada: Luis Ricardo Falero, Brujas yendo al Sabbath, 1878.


[1] Cfr., Elia Nathan Bravo, Territorios del mal. Un estudio sobre la persecución europea de brujas, p. 21.

[2] Ibid., p. 22.

[3] Durante el aquelarre las brujas realizan el osculum infame, esto es, un beso al ano del Diablo bajo su advocación de macho cabrío.

[4] Cfr., Ibid., p. 31.

[5] Es importante destacar que el acto sexual con Satán no se limita a la realización del sabbat. La cópula entre “el príncipe de las tinieblas” u otros demonios; en el caso femenino, se realiza a través de la figura del íncubo.  Por el lado masculino, se da mediante la representación del súcubo. En ambos casos, el acto sexual es doloroso y desagradable.  

[6] Ibid., p. 38.

[7] Cfr., Id.

[8] Cfr., Ibid., pp. 54-55.

[9] Cfr., Ibid., pp. 40-41.

[10] Ibid., p. 34.

[11] Cfr., Id.