Hablar de amor en la actualidad implica hablar de velocidad.
Las relaciones comienzan con un deslizamiento de dedo, las conversaciones nacen y mueren en cuestión de horas y las promesas parecen tener fecha de caducidad implícita. En la era de la inmediatez, amar se ha convertido en una experiencia atravesada por la lógica del consumo: rápida, reemplazable y, muchas veces, efímera.
El sociólogo Zygmunt Bauman describió este fenómeno como amor líquido, una forma de vincularnos caracterizada por la fragilidad y la dificultad de sostener compromisos duraderos. En una cultura donde todo cambia con rapidez, las relaciones parecen someterse a la misma regla: si algo incomoda, se reemplaza; si exige esfuerzo, se posterga; si duele, se abandona. El vínculo deja de ser un proceso para convertirse en una experiencia.
Las aplicaciones de citas representan quizá el símbolo más visible de esta transformación. Funcionan como catálogos afectivos donde las personas aparecen organizadas por fotografías, descripciones breves y afinidades algorítmicas. La posibilidad de elegir entre cientos de perfiles genera una sensación de abundancia que, paradójicamente, dificulta elegir. Aparece entonces el miedo a comprometerse por temor a perder otras opciones: lo que podría llamarse un FOMO afectivo.

En este contexto, el amor se enfrenta a la lógica de la optimización permanente. La filósofa Eva Illouz ha señalado cómo el capitalismo ha moldeado nuestras emociones, transformando la vida afectiva en un espacio de elección racional, cálculo y eficiencia. Elegir pareja comienza a parecerse a elegir un producto: comparar, evaluar, descartar y seguir buscando una opción “mejor”.Sin embargo, esta lógica entra en tensión con una idea mucho más antigua del amor. Para Erich Fromm, amar no es un sentimiento espontáneo ni una emoción pasajera, sino un arte que requiere disciplina, paciencia y responsabilidad.
Amar implica permanecer, construir, tolerar la incertidumbre y aceptar la imperfección del otro. Es, en esencia, una práctica.La cultura de la inmediatez choca con esta idea porque exige gratificación instantánea. Queremos sentir conexión sin atravesar incomodidad, intimidad sin vulnerabilidad, cercanía sin riesgo. Pero el amor, precisamente, se construye en ese espacio incómodo donde no todo está garantizado.

Quizá por eso Byung-Chul Han afirma que la sociedad contemporánea ha debilitado el eros: la capacidad de encontrarnos con lo diferente. El otro deja de ser un misterio que se descubre con el tiempo para convertirse en una opción que se evalúa rápidamente. En lugar de descubrir, escaneamos; en lugar de esperar, deslizamos.
Desde una mirada personal, amar hoy parece requerir una decisión consciente de ir contra la corriente. Elegir quedarse cuando todo invita a seguir buscando. Apostar por la profundidad en una cultura que premia la rapidez. Tal vez amar en la actualidad sea, más que nunca, un acto de resistencia.
Bauman, Z. (2003). Amor líquido. Fondo de Cultura Económica.
Han, B.-C. (2014). La agonía del eros.
Herder.Illouz, E. (2007). Consuming the Romantic Utopia. University of California Press.