Discontinuidades del parque - MilMesetas
I
Tus manecillas detuviste
para la luz retener;
aunque al contrario girasen,
seguiría muriendo el sol.
II
Ardías árbol
por tu lejanía con el tiempo,
por la lejanía con el sol,
por la lenta muerte de la luz;
porque rojo amas vestir.
III
Los candados, como frutos
que la rama nunca soltará,
contienen promesas
oxidadas por las garras del tiempo.

Contemplan
al sol alargando sombras,
al viento arrojando frío contra la gente,
a las infantiles risas alejarse;
mientras ellos esperan...
esperan...
Aunque no saben qué ni a quién.
Susurran mántricamente los juramentos
que no pueden olvidar.
IV
Silenciosa broncinea
cantabas la melodía de las sombras,
como un marinero me acerqué
y sostuviste la luz
aferrándote a esa juventud,
que la pátina engulle a cada giro del reloj.

Llorabas pidiendo ayuda,
desbordaste la fuente
para ahogar al Sol.
V
Brillante ojo de árbol,
expectante ante quién pasa y quién se queda;
nubes espumosas lo cubrirán
y llorará hojas arrancadas por el viento.
VI
Si no eres el dios de la zarza,
el dios que usó a Moisés como títere,
el dios que emplagó Egipto,
el dios que dividió el mar y envió una flamígera columna,
el dios que imprimió monolíticas leyes;
¿por qué ardes?

Tampoco eres víctima del otoñal fuego,
la primavera con un picahielo
está matando al invierno.

Luz,
luz y lumbreras tus hojas
por beber la solar sangre,
mientras esperas las sombras
que en ceniza te convertirán.

Las divinidades hallan siempre su crepúsculo.

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