La memoria corta de las pandemias: lo que olvidamos de la influenza - MilMesetas

Cada pandemia parece vivirse como un acontecimiento único e irrepetible. Sin embargo, la historia muestra lo contrario: las sociedades han enfrentado epidemias de manera constante. Antes del COVID-19, la influenza A(H1N1) de 2009 marcó profundamente a México y al mundo. Durante semanas, el país se detuvo: escuelas cerradas, cubrebocas en las calles, miedo al contacto físico y una sensación colectiva de incertidumbre. Hoy, esa experiencia parece lejana, casi borrosa.

La pandemia de influenza evidenció la fragilidad de la vida cotidiana. De un día para otro, acciones simples como saludar de mano, asistir a clases o utilizar el transporte público se transformaron en actividades riesgosas. La normalidad, que parecía estable, demostró ser una construcción frágil que podía desmoronarse rápidamente.

El sociólogo Ulrich Beck describía las sociedades contemporáneas como sociedades del riesgo: espacios donde los peligros globales —sanitarios, ambientales o tecnológicos— forman parte de la vida diaria. La influenza A(H1N1) fue uno de esos momentos en los que el riesgo dejó de ser abstracto para volverse visible. La amenaza no provenía de un enemigo identificable, sino de un virus invisible que circulaba en la vida cotidiana.

La respuesta social también reveló cambios importantes en la forma de vivir el miedo. El cubrebocas se convirtió en símbolo de cuidado y sospecha al mismo tiempo. La distancia social comenzó a redefinir las relaciones humanas. El cuerpo del otro pasó de ser un espacio de cercanía a un posible foco de contagio. Estas transformaciones anticiparon muchas de las prácticas que años después volverían con el COVID-19.

Sin embargo, lo más llamativo es la rapidez con la que olvidamos. Con el paso del tiempo, la pandemia de influenza dejó de ocupar un lugar central en la memoria colectiva. Este fenómeno conecta con lo que la filósofa Judith Butler denomina la precariedad compartida: la conciencia de nuestra vulnerabilidad emerge en momentos de crisis, pero tiende a desaparecer cuando la amenaza se disipa.

Recordar la influenza no implica revivir el miedo, sino reconocer que las pandemias forman parte de la historia social. La memoria colectiva suele centrarse en los eventos más recientes, pero cada crisis sanitaria deja huellas invisibles en la cultura: hábitos de higiene, formas de convivencia, percepciones del riesgo y transformaciones en la vida cotidiana.

Desde una mirada personal, pensar en la influenza de 2009 produce una sensación extraña: sabemos que fue importante, pero cuesta dimensionar cuánto cambió nuestras vidas en su momento. Tal vez la memoria humana necesita olvidar para continuar. Sin embargo, olvidar demasiado rápido también nos vuelve vulnerables a repetir las mismas sorpresas.

Las pandemias no solo transforman la salud pública; transforman la manera en que nos relacionamos con el tiempo, el cuerpo y los otros. Recordarlas es, en cierto modo, una forma de prepararnos para lo inevitable: la certeza de que el riesgo siempre regresa.

Referencias

Sage.Butler, J. (2004). Precarious Life. Verso.

Organización Mundial de la Salud (OMS). (2010). Pandemic (H1N1) 2009 – update.